Por: Isaac MOLINA ZAPATA

Paradójicamente, la ola de inseguridad y violencia que se vive en México, persiste a pesar de las recientes capturas de grandes capos del crimen organizado. La última, anunciada con bombo y platillo por las autoridades mexicanas y por el mismo presidente de la República.

En lenguaje coloquial, tanto Peña Nieto, como el comisionado nacional de seguridad Alejandro Rubido, y el secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong se han “alzado el cuello” como si hubieran cortado de tajo la inseguridad que no cesa y por el contrario continúa azotando la nación, sin que aparentemente le afecten esas capturas.

Y es que haciendo un breve resumen, en los últimos años el gobierno ha apresado a los más emblemáticos capos de la droga. “Personalidades” del crimen organizado como «El Chapo», «La Tuta», «Z-40», «El H» y «El Viceroy» fueron cayendo en las manos de las autoridades desde que Enrique Peña Nieto asumió la presidencia en diciembre de 2012.

Hace pocos días, el líder de Los Zetas, Omar Treviño, alias «Z-42», fue capturado en un suburbio de Monterrey. Cinco días antes habían hecho lo propio con Servando Gómez, «La Tuta», el último jefe visible de Los Caballeros Templarios en Michoacán.

Pero también los cárteles del Golfo, el de Juárez, el de los Arellano Félix y el de los Beltrán Leyva han sufrido bajas de sus líderes.

El gobierno federal presume que de sus 122 objetivos prioritarios 90 han sido neutralizados. Algunos de los cuales son acusados de avivar las guerras entre cárteles por el control de las rutas de tráfico de droga al vecino país del norte (Estados Unidos).

Sin embrago, prominentes analistas afirman que para frenar la violencia que ha crecido exponencialmente en los últimos dos años, es necesario derrumbar todos los niveles de los cárteles y no sólo las cabezas.

El ex fiscal antidrogas de México, Samuel González Ruiz, aseguró que «como en toda organización, los procesos de recambio se dan de manera acelerada cuando cae un capo», subrayando que «lo importante es que los criminales no puedan hacerse con el poder del territorio y los mercados”.

Y es que lamentablemente para los mexicanos, la decapitación de los cárteles no ha significado en lo más mínimo la victoria del gobierno, porque muchas veces también derivan en escisiones más despiadadas que encuentran su financiación en otros crímenes contra la población como el secuestro y la extorsión.

En lo que se refiere a Omar Treviño, el “Z-42”, con su captura se prevé un posible surgimiento de guerras intestinas por el poder, versión vertida por el mismo comisionado nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido. Además, este tipo de pugnas también se produjeron en el cártel del Golfo, causando este año un repunte en las balaceras principalmente en la frontera tamaulipeca.

Según el experto en seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Javier Oliva, lo que sucede con este tipo de capturas, es que surgen reacomodos en el grupo delictivo del que se trate, y el segundo de a bordo se queda al frente del mismo.

Además, el diputado federal tamaulipeco Germán Pacheco Díaz, en varias ocasiones ha señalado que independientemente de capturar a los cabecillas de grupos delincuenciales; lo que se necesita con extrema urgencia es que el gobierno federal haga una efectiva labor de inteligencia, ya que de nada sirven esas detenciones de las que tanto hablan las autoridades, si la ciudadanía sigue padeciendo los embates de la violencia.

Por lo anterior expuesto, cobra fuerza la versión de especialistas en la materia, en el sentido de que algunas de las espectaculares capturas que presume Enrique Peña Nieto, pueden ser “cortinas de humo” para tratar de lavar su imagen, tan deteriorada en el plano internacional. Incluso, hay quienes se han aventurado a afirmar que más bien podría tratarse de un pacto.

Y curiosamente, la reciente captura del “Z-42” se da precisamente en la antesala de procesos electorales que se llevarán a cabo en varios estados de la República.

Quienes ya conocen a Enrique Peña Nieto, pero sobre todo saben de todas las argucias que el sistema puede echar mano para lavar la imagen de su presidente, obviamente no se tragarán el cuento de la gran labor que está ejerciendo el aparato de seguridad; claro que no.

La única forma de que el pueblo le reconozca y aplauda al presidente y a sus lacayos por la labor contra la delincuencia organizada, será cuando los empresarios, amas de casa, empleados, estudiantes, en fin, toda la población sienta que realmente ha disminuido la inseguridad; mientras tanto, el gobierno y demás instituciones de seguridad pueden seguir montando todo tipo de farsas y teatros que deseen, al fin y al cabo muy pocos se los van a creer.

Como siempre la mejor opinión es la de usted, amable lector. Hasta la próxima.

ISAAC-MOLINA-ZAPATA-jpg

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here