Por: José Efraín Caballero Sevilla
Necesaria conciliación para el crecimiento.
Una de las necesidades del país que resultan prioritarias para mejorar la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos, es la inversión de capital en el área de producción de bienes y servicios, lo cual es básico para hacer crecer la economía, al igual que en cualquier país del mundo.
Como comentábamos en la columna anterior, es una meta que no se está consiguiendo en la administración federal actual, ya que, si existe una estabilidad y equilibrio en la economía nacional con un peso fuerte, una inflación baja y un gasto publico con finanzas sanas.
Pero no existe crecimiento en la producción de bienes y servicios y como resultado el Producto Interno Bruto está por debajo de lo proyectado en esta administración, y lo que sucede entre otras cosas, es que no hay inversión pública en infraestructura y las empresas tampoco quieren invertir, a excepción del proyecto de desarrollo del sureste que se tiene contemplado.
Las principales inversiones que se tienen anunciadas de parte del gobierno federal en infraestructura, van encauzadas al sureste, y son obras que pueden tener la capacidad de multiplicar por siete el PIB de la región y de los países cercanos, según estimó Eduardo Cavallo quien es investigador principal en el Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Se entiende que la prioridad del gobierno se le esté dando a dicha región, ya que existe un rezago en materia económica que ha padecido durante décadas, con una disparidad muy marcada comparativamente con el norte de la república que es industrializado, donde lo básico son las maquiladoras que generan fuentes de empleo y aportan al desarrollo urbano, y el sureste carente de inversión en este rubro, así como en la industria de la transformación y tecnológica.
El índice poblacional es mayor en el norte de la república que en el sureste, por esta razón las inversiones no generarían un gran impacto en el porcentaje de empleos a nivel nacional; con las mega obras del tren maya, la refinería de 2 bocas y el plan de desarrollo para el istmo de Tehuantepec, que son las obras de relumbrón de la administración actual.
Sin duda crearían mejores condiciones económicas en la región, pero dada la baja tasa demográfica no generaría porcentualmente un aumento en el bienestar generalizado del país, y las cifras de crecimiento económico nacional, le estarían quedando a deber al Presidente Andrés Manuel López Obrador.
Por esta razón al gobierno de la república no le quedo más remedio que incorporar al menos un proyecto de infraestructura de alto impacto, propuesto por cada gobierno estatal en su cartera, lo que vendrá a compensar en cierta medida la falta de proyectos federales en el resto de las entidades.
Si no hay inversión, no hay crecimiento y oferta de empleos; en ese sentido el país se encuentra distante a crecer ese 4 por ciento que proyectó en su economía anual el Presidente.
Jesús Seade, que se podría considerar un “Rock star” en el equipo económico de López Obrador, consideró que mejorar el poder adquisitivo del 80 por ciento de los mexicanos es crucial para el crecimiento, lo que refleja la necesidad de más y mejores empleos en el país.
Sin inversión, este es un proyecto trunco, el crecimiento económico de México en la década anterior fue el peor de los últimos 80 años. Mientras que América Latina creció el 3.9 por ciento, en México el crecimiento fue del 1.7 por ciento del PIB.
Romper ese modelo de bajo crecimiento que lleva décadas, es muy complicado, por lo que México requiere de 30,000 millones de dólares de inversión privada.
El presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Carlos Salazar Lomelín, señalo estas cifras, tras asistir a la “XI convención del US-México CEO Dialogue” celebrado en la ciudad de Mérida.
Salazar sostuvo que todo esto deberá traducirse en lo que más importa, que es la inversión «porque si hay inversión, hay empleo, si hay empleo hay crecimiento y combatimos todos los problemas que tanto nos preocupan en México”.
Son las empresas quienes invierten, si están dadas las condiciones que les permitan obtener ganancias, a lo que México cuenta con un mercado de 122 millones de consumidores.
La política de inversión no consiste en privilegiar la inversión nacional sobre la inversión extranjera o viceversa, sino de conectarlas a través de las cadenas globales de valor.

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