Por. Clara García Sáenz

Hace meses, cuando los incendios no daban tregua en Australia, leí en una nota perdida de internet las declaraciones de una experta ambientalista que explicaba que si ciertamente dichos incendios eran producto del calentamiento global, éste no era resultado directo de la contaminación ambiental, sino parte de un proceso natural de la Tierra, ya que esta oscila entre un periodo caliente y otro frío.
El artículo abundaba en argumentos pero lo que llamó mi atención fue la percepción de que la humanidad es de memoria corta y frecuentemente perdemos de vista que el surgimiento de nuestra especie se dio en el más reciente periodo de oscilación, cuando la Tierra venía de un periodo frío a uno caliente y tal vez cuando llegue a un punto de sobrecalentamiento se destruya mucha de la vida que existe y surja otra, mientras ésta vuelve hacia un periodo de enfriamiento.
Remataba diciendo que aunque la contaminación contribuye a que la Tierra esté más caliente, no es significativa su aportación comparada con el proceso natural de oscilación. Sin embargo, el asunto se magnificaba porque el ser humano tiene la tendencia a considerarse el centro del universo y no asumirse como parte de este. En otras palabras, la humanidad solo es un ser vivo más en la Tierra.
Esto me llevó a recordar el libro de James Lovelock “La venganza de la Tierra: la teoría de Gaia y el futuro de la humanidad”, donde habla del calentamiento climático “La gran fiesta del siglo XX con su extravagante despilfarro y sus juegos de guerra se ha acabado, ahora es el momento de limpiar y sacar la basura”.
Lovelock y Margulis su colaborador, trabajaron desde los años 70 del siglo pasado esta teoría, donde retomaron la idea de antiguas civilizaciones donde la Tierra era la diosa Gaia, para asumir que ésta es un ser vivo y como todo ser vivo tiene un nombre. Gaia es pues, el nombre de la Tierra que los seres humanos ponen en peligro con el alto grado de contaminación que generan sus sociedades.
En medio de la pandemia, el sacerdote Raniero Cantalamessa de la orden de los frailes menores capuchinos, dijo a propósito de las reflexiones de la Semana Santa, “la pandemia del Coronavirus nos ha despertado bruscamente del peligro mayor que siempre han corrido los individuos y la humanidad: el del delirio de omnipotencia” “ha bastado el más pequeño e informe elemento de la naturaleza, un virus, para recordarnos que somos mortales, que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos”.
Ahora que no podemos ver la salida de esta pandemia, que el futuro inmediato es incierto, vale la pena volver la mirada a nuestra pequeñez de insignificantes criaturas que Gaia tiene que soportar como diminutos animales perniciosos y recordar aquel fragmento de la canción del Mago de Oz, La venganza de Gaia: “Todo mal que me hagas, a ti te lo harás/Pues la tierra es tu hogar/Y al igual que amar, también sé castigar/La venganza de Gaia tendrás”.
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