Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com
Todo gobierno se crea bajo la primicia de buscar un bien común, de ver por los más desvalidos y crear estrategias que beneficien a la mayoría. El gobierno actual de los Estados Unidos Mexicanos no fue la excepción. Surgió como una alternativa esperanzadora en medio de privilegios a la estructura de clases sociales.
Surgió como una propuesta de equidad, de justicia y sobre todo de mejora para los que menos tienen, en medio de sus distintas estrategias se formó un equipo que compartía ciertos ideales y que les permitió llegar al poder que hoy ostentan. Sin embargo el equipo se conforma de seres humanos, que si bien comparten ideales también tienen diferencias y fallas en su actuar o quizás perciben más fallas que logros y por ello se desintegran.
En poco tiempo al gabinete de nuestro actual presidente han llegado dos renuncias, las cuales toman por sorpresa a algunos y cada una se debe analizar desde sus respectivas perspectivas, la primera fue la de Germán Martínez Cázares, quien señaló que la Secretaría de Hacienda tenía injerencia directa sobre el instituto y su desacuerdo con esta situación le hizo presentar su renuncia.
A propósito de su pensar es necesario recordar la situación actual de nuestro país en cuanto a salud se refiere, se han presentado recortes presupuestales que podrían poner en riesgo a la población por no tener los recursos para cubrir los tratamientos de otra forma que no sea la salud pública. Sin embargo a la par de estos recortes se han presentado otros programas que buscan incentivar a los jóvenes para un mejor desarrollo, se han otorgado becas sin distinción para evitar la deserción pero aún no estamos seguros de que la recepción de ese dinero vaya a beneficiar a los jóvenes o sea otro programa fallido que promueva la mediocridad y el conformismo.
Por otra parte la segunda renuncia fue de Josefa González Blanco, quien fungía como secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Su renuncia fue el resultado de evidenciar los privilegios del poder, de retrasar un vuelo para que ella pudiese abordarlo. Y aunque sus declaraciones personales señalan no anteponer sus necesidades ante el bienestar común, lo cierto fue que el hecho se debió a un error y que en efecto quizás por congruencia esta era la mejor salida.
Sin embargo más allá de las renuncias deberíamos analizar las acciones de nuestros actuales gobernantes, seguirlos en todos los niveles y asegurar que como señala nuestro presidente la autoridad política vaya acompañada de la autoridad moral. Que las acciones del resto de funcionarios piensen en un bien común tangible y duradero no algo inmediato que genere la simpatía de unos cuántos. Las renuncias se aceptan, las fallas no.

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