Victoria y Anexas

Por: Ambrocio López Gutiérrez

De la migración árabe que llegó a México desde finales del siglo XIX, la proveniente del actual Líbano ha sido, hasta nuestros días, la más sobresaliente, no sólo en términos de cantidad, sino también por su legado cultural y su presencia económica en México. Hablar de libaneses es hablar de una de las minorías étnicas más grandes que forman parte del panorama intercultural del que se construye el perfil identitario de la mexicanidad, considerando que, en la actualidad, las nuevas generaciones de descendientes han nacido en un contexto de integración a la sociedad mexicana.

Según Oscar Israel Pizaña Grimaldo, investigador y docente de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Alejandro Kuri Pheres, presidente de la Unión Libanesa Cultural Mundial, sostiene que hoy en día existen aproximadamente 450 mil libaneses y descendientes (hasta la sexta generación) distribuidos a lo largo y ancho de la república mexicana, siendo Tamaulipas una de las entidades que ha tenido una mayor concentración de población de origen libanés, como Veracruz, Tabasco, Yucatán, Puebla, la Ciudad de México y Coahuila, lugares en donde se han logrado posicionar como parte de la elite empresarial, operando en diversas ramas de la economía estatal y nacional.

Hablamos de una población en donde los primeros inmigrantes provenían de la región del Máshreq, una zona mediterránea que, durante siglos, hasta 1918, estuvo conquistada y ocupada militarmente por el Imperio Otomano. Este territorio era conocido como la Gran Siria y comprendía al actual Líbano, Palestina, Israel, Transjordania y la República Árabe Siria. Aunque Líbano se estableció como país independiente hasta 1943, desde el siglo XIII a de C los fenicios ya hablaban de la región del Monte Líbano, caracterizada por sus cedros que eran utilizados para las construcciones marítimas.

En la entrevista, el doctor en Ciencias Sociales agrega que en Tamaulipas, uno de los rasgos más notorios de los inmigrantes y descendientes de origen libanés ha sido su movilidad, tanto en términos económicos, como políticos y de distinción social. Se han destacado no sólo como dueños de empresas de alcance nacional e internacional o como alcaldes y diputados, sino también como parte de un grupo social privilegiado (El Club Libanés de Tampico) en donde ser parte de la comunidad libanesa ha significado contar con un capital social que facilita el acceso al dinero, a los bienes materiales, a los negocios y a las redes políticas y empresariales, brindando una mayor posibilidad para acrecentar su capital económico incluso por generaciones.

En un principio, cuando la colonia libanesa era pequeña en términos demográficos, correspondiendo a una migración de tipo familiar en donde los primeros inmigrantes, por lo regular hombres, después de establecerse trajeron consigo a sus parientes más cercanos, es decir, cónyuges e hijos, así como hermanos, primos y sobrinos, estableciéndose las primeras familias y el inicio de la estructura parental de libaneses en Tamaulipas, compuesta por familias nucleares uniparentales y biparentales, se utilizaron los recursos (bienes y servicios) familiares a través de la solidaridad y reciprocidad por las redes de parentesco, con el propósito de facilitar su periodo de adaptación inicial, siendo la unidad entre parientes un aspecto fundamental para subsistir en el país receptor y para alcanzar la movilidad social.

El catedrático de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Victoria dice: dentro de los bienes y servicios otorgados fueron fundamentales: el acceso a la vivienda, préstamos de dinero y la inserción al trabajo entre familiares. Con la vivienda, la solidaridad por cercanía social dio paso a la construcción de un tipo de familia extensa, que fue la que posteriormente caracterizó a la sociedad libanesa. Dar alojamiento a hermanos, primos y sobrinos construyó una amplia parentela construida por varias familias nucleares que, tras su organización patrilineal y patrilocal como patrones que respondían a un aspecto cultural, utilizaron los medios brindados por la misma familia para subsistir.

EL DOCTOR PIZAÑA Grimaldo agregó: Las primeras generaciones, los inmigrantes, fueron quienes se aventuraron en el ambulantaje, poniendo en práctica la venta a crédito a través del pago en abonos. Un método no utilizado en Tamaulipas a principios del siglo XX, siendo los pioneros en implementar este modelo de negocio, el cual permitió que el cliente adquiriera con facilidad la mercancía, sin pago anticipado, mientras que el vendedor la ofrecía a un precio elevado, el cual no se percibía debido a los pagos diferidos, lo que les brindaba mejor capacidad de utilidad a los libaneses. La implementación del crédito y el acaparamiento de un nuevo mercado fueron los dos aspectos que proporcionaron a los libaneses una rápida acumulación de dinero, permitiéndoles pasar de una economía informal como vendedores ambulantes a una formal como dueños de tiendas y almacenes.

El establecimiento de los primeros negocios fijos fue el resultado de una ética de trabajo implementada como estrategia operativa de la familia extensa. De esta manera, fue a través del préstamo entre familiares que se pudo acceder al auto empleo, siendo la ética de trabajo una regla cultural y una fórmula para hacerse de capital económico. La solidaridad y cooperación en la función organizativa de la familia extensa se vio reflejada en el proceso de movilidad social ascendente que presentaron los inmigrantes fundadores, pues este apoyo entre familiares ayudó a que el tiempo de ambulantaje fuera más breve. Una vez estando en el comercio formal, con el establecimiento de los primeros almacenes y tiendas se puso en práctica la misma organización familiar para la administración del negocio, en donde los roles de cada uno de los integrantes de la familia correspondieron a una división del trabajo regida por una forma de operación patrilineal, siendo los varones los encargados de los asuntos del negocio, mientras que las mujeres estuvieron más enfocadas en las labores del hogar.

Es preciso decir que, como observamos en los estudios de caso de las familias Charur en Ciudad Victoria y Nader en Tampico, la solidaridad entre la parentela no se limitó sólo a la familia extensa, sino que abarcó todo el grupo familiar que se fue construyendo al paso de las generaciones. Esto porque una característica convencional de las familias extensas fue que, en muchos de los casos, los hermanos o los primos del dueño del negocio (del primer inmigrante que se estableció), decidían dejar la familia extensa e irse a vivir por separado, una vez que lograban fundar su propia tienda o almacén y podían comprar su propia casa, haciéndose de su patrimonio y construyendo su parentela por separado (dando lugar a la formación de otra familia extensa), siendo ellos los patriarcas de su estructura familiar, formándose, de esta manera, grupos familiares compuestos por familias extensas, donde cada hermano o primo tenía su propio negocio.

Se crearon grupos de familias en donde existían distintos negocios con giros similares o diferentes. No obstante, el patrón patrilineal y patrilocal se reprodujo en cada una de las familias, pues en cada hogar vivían los hijos varones de los fundadores con sus esposas y respectivos hijos, siendo sólo las hijas las que se iban a vivir con las familias de los esposos. Asimismo, una vez que los nietos crecían y se casaban, también continuaban viviendo en la misma casa con sus conyugues y descendencia. De esta manera, fueron las mujeres las que estuvieron fuera del patrón material de la herencia y la propiedad con respecto a la empresa, pues, aunque sí heredaban otros tipos de bienes, la sucesión generacional estuvo a cargo de los varones.

EN LA SOCIEDAD LIBANESA, el mestizaje fue producto del movimiento migratorio a otras ciudades del estado en busca de nuevos proyectos de negocio, como se hizo manifiesto en la familia Charur, en donde se vio la necesidad de separarse de la comunidad, para buscar involucrarse y asociarse con otras familias políticas y empresariales locales y regionales mexicanas. Sin embargo, a pesar de la expansión de las familias, a través de la movilidad espacial en términos geográficos, se ha mantenido la unidad familiar gracias a la estructura parental, haciendo que este tipo de movilidad espacial beneficiara en la expansión de las empresas hacia nuevos mercados en nuevos territorios, pasando de empresas locales a regionales y de repercusión nacional, formando cadenas de empresas de diversos giros, administradas por los grupos familiares, lo que dio nacimiento a los nuevos consorcios.

Otro factor que incidió en la acumulación de capital de algunos empresarios libaneses fue el cambio institucional de la propiedad privada ocurrida en 1934, cuando el Estado mexicano, a través de una nueva reforma agraria, decidió expropiar las haciendas y grandes propiedades para crear nuevas unidades de producción de la tierra, dando paso a la creación de los ejidos, situación que generó no sólo el abaratamiento de la propiedad rural, sino indirectamente también de la urbana, ya que muchos hacendados —con el objetivo de recuperar parte de sus capitales— decidieron vender muchas de sus propiedades en las cabeceras de los pueblos y en las ciudades. Muchos de estos bienes fueron también adquiridos por libaneses como fue el caso de la familia Abisulaiman Kuri, quienes, gracias a la compra de muchas propiedades en los territorios aledaños a Tampico, incluyendo de Veracruz, lograron fundar en 1938 la Compañía Abisulaiman, dedicada a la compra y venta de bienes raíces.

En el caso de los Nader, las empresas textiles que fueron adquiridas gracias a su capacidad de liquidez y al aprovechamiento de estos períodos coyunturales, obtuvieron una mayor acumulación de capital, se expandieron y crecieron, transformándose en la década de 1950 en la empresa UNITAM, una de las más grandes de Tamaulipas dedicada a la fabricación y distribución de uniformes a escala nacional a empresas públicas y privadas en el país. Este crecimiento de las empresas, en parte, se debió a la política proteccionista implementada por el gobierno mexicano en beneficio del mercado interno, con el objetivo de impulsar la producción y el consumo de productos mexicanos en sustitución de los extranjeros, razón por la que las fábricas textiles tuvieron un rápido crecimiento en todo el país. Fue la época del llamado desarrollo estabilizador.

La organización familiar tradicional de los libaneses con la que establecieron las normas y reglas para la acumulación y el manejo empresarial con la familia extensa se ha ido sustituyendo por otros patrones en donde la mujer ha tomado mayor participación, pues los grupos familiares comenzaron a establecer nuevas unidades de negocios como sociedades anónimas, formando consorcios como una asociación de las empresas locales, regionales y nacionales en sus distintos ramos y giros, así como de sus entidades, haciendo referencia a las distintas familias que integraron los grupos familiares empresariales. Estos consorcios formados por cadenas de empresas en donde los altos puestos directivos están siendo más equitativos en cuanto a los roles de género, pues el nivel ocupacional de la mujer de ascendencia libanesa ha mejorado.

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