Por: José Efraín Caballero Sevilla

La devaluación de la clase política ante la opinión pública, se ha dado ante la pérdida de credibilidad por la falta de compromisos realizados hacia sus conciudadanos, al llegar a asumir los cargos públicos obtenidos por el sufragio de los partidarios.
En consecuencia, el simpatizante y militante ha optado por el abandono de los colores partidistas que defendía, abriéndose a nuevas opciones electorales, lo que explica la actual falta de poder de convocatoria de los partidos políticos, que fueron hegemónicos en las últimas décadas, ante la recurrente traición a las bases.
Los partidos que más han visto disminuida su militancia, son el PRI y el PRD, ya que de haber contado con un padrón en 2018 de 6.3 millones y 5.2 millones de afiliados respectivamente, en la última medición solo confirman 1.8 millones y 1.7 millones de afiliados.
La debacle tricolor, va en la misma proporción de los actos de corrupción e incumplimiento de compromisos en el ejercicio de la administración pública, y la migración de seguidores responde a esa falta de interés en asumir los convenios con la sociedad.
Haciendo una evaluación del último ejercicio federal, el expresidente Enrique Peña Nieto acuño como frase de campaña en la elección del 2012 “Te lo firmo y te lo cumplo” signando 266 compromisos ante notarios públicos, para darle formalidad a su palabra.
Al final de su gestión, solo logro cumplir 132 de los 266 contratos con la sociedad sin dar mayores explicaciones. Queda constancia la inexistente baja de costos de las gasolinas y la electricidad, que al contrario se incrementaron exponencialmente.
Yendo más atrás, con Vicente Fox, los compromisos de campaña llegaron a ser reducidos como “simples actos electorales” mencionando el aquel entonces mandatario que una cosa es la campaña electoral y otra es gobernar, burlándose así de la credulidad de la gente que le dio anteriormente su aprobación.
Dentro de este contexto, ocupándonos de las promesas de campaña del actual titular el Presidente Andrés Manuel López Obrador, su principal lema de campaña fue el combate a la corrupción, el cual se ha venido dando a un año y medio de su administración, de manera gradual.
Son de la opinión pública ya conocidos los arrestos y la judicialización de expedientes de ex funcionarios públicos y empresarios del Peñismo, acusados de presuntos actos de corrupción entre los que figuran Rosario Robles, exsecretaria de Desarrollo Social, Alonso Ancira, director de Altos Hornos, el abogado Juan Collado y recientemente el exgobernador de Chihuahua Cesar Duarte.
Pero quien puede duplicar o multiplicar la cantidad de aprensiones en el corto y mediano plazo es Emilio Lozoya exdirector de PEMEX, ya que se menciona de manera extraoficial que está dispuesto a colaborar con las autoridades y presentará evidencias que involucran a otros funcionarios de mayor calado político.
Estos resultados pueden entenderse como compromisos cumplidos del mandatario mexicano ante sus conciudadanos, pero en realidad aun existen otros que están pendientes de solucionarse y que tienen que ver con la seguridad pública y el desarrollo económico que han sido deficientes.
Estableció el Presidente en campaña el compromiso de un crecimiento del Producto Interno Bruto (P.I.B.) del 4 por ciento anual y aun dista mucho de materializarse.
El apoyo que logró en las urnas, le dará la aprobación consecuentemente a su partido militante Morena, como fundador que es, y aportando cargos públicos para sus candidatos de acuerdo a la fuerza moral que posee con sus votantes.
Si mantiene la coherencia entre las promesas de campaña y los resultados finales de la evaluación a su gestión, será la diferencia, entre la continuidad o el cambio en la base electoral que le brindo el apoyo. Porque la experiencia nos dice que no hay político que no desee mostrar su mejor cara y llegue a realizar promesas al por mayor; al fin que prometer se dice que no cuesta nada, pero en realidad, ha costado todo un futuro político.
La oposición tiene la obligación, si desea retomar las simpatías de las bases militantes que se mudaron a Morena y otros partidos, demostrarles con resultados que cuenta con una mejor oferta política y administrativa, porque seguir denostando a los que cambiaron de colores ante la falta de compromiso, es anotarse un autogol y habla de la falta de visión e inteligencia, que en lugar de sumar seguirán restando simpatías.
Querido lector, tenga un excelente día
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