Clara García Sáenz
Las ruinas de Berlín
La ciudad de Berlín no es el dulce nombre que imagino cuando lo pronuncio, no es la manifestación alegre de una Europa exitosa y feliz; si es el primer mundo, pero no el que se pueda creer a primera vista. Es una memoria de grietas y heridas que no terminan de sanar, es la historia desgarrada de un siglo XX que tuvo ahí su epicentro con dos guerras mundiales perdidas y la encarnizada lucha de una tercera, la fría, donde capitalismo y comunismo se disputaron un territorio, y la población se llevó la peor parte.
La luz de las ocho de la mañana nos recibió en el aeropuerto de Tagel ubicado en el sector francés de Berlín; Jordana nos recibió con una gran sonrisa de bienvenidos y nos explicó que esta terminal aérea era una de las dos que operaban en la ciudad y que durante la guerra fría servía a la zona occidental, es decir para la ocupación capitalista.
La información me impactó, porque de suponer que la reunificación alemana ha marchado sobre ruedas, este dato de los sectores de la ciudad daba cuenta de otra realidad, la memoria del pasado era un referente para explicar el presente, no había otra forma para los berlineses de hablar del lugar que habitaban.
Después vinieron las imágenes en cascada, una ciudad hermosa, de amplias avenidas, con ciclovías magníficas, grandes almacenes, extraordinarios monumentos arquitectónicos, fuentes, palacios, jardines.
Pero todo, cada piedra, cada calle, cada esquina guarda una historia, una referencia, un pedacito de dolor, de muerte, de espanto. “Por aquí pasaba el muro”, “aquellos edificios fueron construidos por los comunistas”, “esta capilla fue bombardeada”, “aquí estamos en Berlín del Este”, “aquel edificio fue reconstruido”, “esta fue la zona británica”, “aquí fue un bunker nazi” “allá está el monumento a los soldados soviéticos que liberaron de Hitler a la ciudad”, “está prohibido el libro “mi Lucha”, “la zona más bonita de la ciudad es donde estuvo la parte capitalista, la más pobre es la que fue comunista” estas son algunas de las muchas expresiones que se usan cuando se les pregunta algo.
Fotos, bandera, placas, monumentos, edificios, todo sirve para mantener viva una historia de dolor, donde los berlineses se multiplican una y mil veces en víctimas de las atrocidades de tres guerra, sin salir victoriosos de ninguna. La última, la guerra ideológica convertida en asunto económico abrió la “cortina de hierro” no como un acto de liberación sino como la voracidad mercantilista que deseaba expandirse, ahora también se puede comer una hamburguesa Mc Donalds en el Este pero, ese Berlín sigue después de 25 años de reunificación siendo más pobre y más gris que el otro, donde las grandes corporaciones tienen sus domicilios y las calles son elegantes.
Berlín es una ciudad cuya alegría no es completa, cuya felicidad se ensombrece con cada ruina, cuya belleza trasluce las grietas del sufrimiento, del dolor por algo que no termina de acabar pero tampoco termina de comenzar. Su ambivalente historia reciente aún se sigue escribiendo como una víctima de todos los que por ella han pasado: monarcas, nazis, soviéticos, ingleses, franceses y norteamericanos.
E-mail:claragsaenz@gmail.com

Clara García Sáenz

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