Por: Clara García Sáenz

La avellana de Tamaulipas

Agustín López de la Cámara Alta fue un ingeniero militar que acompañó, por orden real expedida por el virrey de las Amarillas, al visitador José Tienda y Cuervo a la colonia del Nuevo Santander en 1756. Escribe en 1758 un informe producto de esa visita:

 “Se crían árboles de  grandes tamaños y diferentes especies como son sabinos colorados, ébanos, fresnos, nogales, y huizache [s] y así mismo  en todos los llanos de este término que también hay abundancia de mezquites,  y los pastos de ganado todo el año se mantienen verdes, no necesitados para su amenidad de riego de lluvia que con solo el rocío que cae de noche es suficiente para mantener frescos los campos. Hay abundancia de caza como jabalíes, venados, pavos, conejos, codornices. Dase por los campos la granada y así mismo la planta del añil que de los tintes usan esta población aunque no con la perfección que pide el arte. Hay mucha purga llamada de Jalapa y otras yerbas que curan heridas y llagas fácilmente.”

De la Cámara Alta va reafirmando la riqueza de un paisaje a partir de su referente europeo. Comienza hablando de la abundancia y variedad de árboles, enumerando algunos que hasta la fecha son endémicos como el mezquite, el huizache y el ébano, después habla de sus pastos verdes que hasta la actualidad en temporada de poco calor son alimentados del rocío matutino, después enumera la variedad de animales todos también endémicos hasta el presente, la variedad de plantas tanto para tintes como para remedios y la existencia de metales; introduce en seguida una enumeración de frutos que pareciera una fusión de España y México al señalar que algunos de origen europeo también se dan en este lugar muy bien y remata su texto hablando de la abundancia de animales, repitiendo algunos ya nombrados, incluyendo otros. Sin dejar pasar la vasta riqueza de materiales para construcción.

            Cuando de la Cámara Alta describe la villa de Padilla hace una alusión al fruto del ébano y permite ver claramente sus referentes españoles:

“Habiendo un árbol grande llamado ébano que cría una vaina de 5 pulgadas de largo y una de ancho, con una fruta dentro llamada maguacata, que después de tostada tiene el mismo gusto que la avellana de España siendo más grande y cuasi su misma camisa y figura; a falta de maíz que es el pan de esta tierra, se sirven de esta fruta para hacer tortillas”.

La comparación de la maguacata con la avellana es un ejercicio donde la memoria busca un referente de comparación entre lo que el visitador conoce muy bien y lo que se presenta como desconocido a su experiencia visual y gustativa, dos habilidades humanas de las más cercanas al ejercicio de reconocer en lo desconocido, lo ya conocido. Así que si usted come maguacatas, disfrútelas como una avellana, sólo que más grande.

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