Ambrocio López Gutiérrez

AMLO SÍ SABE LO QUE HACE

Antes, durante y después de la campaña presidencial reciente se evidenciaron los contrastes entre una élite económica voraz que se dedicaba a ordeñar al erario y millones de mexicanos que sobrevivían con salarios miserables. Los gobernantes se daban una vida de lujo que se sintetiza en el avión presidencial adquirido en el pasado próximo en el que viajaban por el mundo derrochando los recursos de la nación. Las principales paraestatales generadoras de energía estaban semiprivatizadas, los servicios financieros fueron entregados a bancos globales europeos con domicilio en España y la clase dorada creía que estarían eternamente en el poder porque el único que los cuestionaba seriamente era el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador.

El filósofo, economista, abogado, historiador y sociólogo alemán, Carlos Marx, sostenía que para que estallara una revolución en cualquier país se necesitaba la pobreza extrema de las masas, el total desprestigio del bloque gobernante y la existencia de una alternativa para encabezar las transformaciones. AMLO sabía seguramente porque estudió Ciencias Políticas en la UNAM, que las primeras dos condiciones ya estaban dadas, que sólo se necesitaba crear una nueva organización política capaz de sustituir a los delincuentes de cuello blanco que se habían apoltronado en los cargos públicos durante décadas. Organizó Morena como partido político, con esfuerzos consiguieron el registro legal y, conscientes de la fragilidad de la gobernabilidad, en lugar de una nueva revolución social, se plantearon la regeneración nacional.

Los primeros dos años de la 4T no han sido fáciles; se ha enfrentado a un reducido grupo de empresarios conservadores quienes añoran sus viejos privilegios. Ha enfrentado debilidades de servidores públicos que han preferido irse antes que seguir luchando contra la corrupción. El presidente AMLO ha sufrido todos los días los ataques mentirosos de la cúpula panista y priista quienes siguen sin asimilar la derrota en la pasada campaña presidencial. La esperada alianza electoral entre PAN y PRI en la mayoría de los distritos electorales demostró por un lado, que las élites mexicanas harán todo lo posible por detener los cambios progresistas y por el otro, que esos partidos tradicionales son tan débiles que tuvieron que hacer a un lado añejas diferencias para hacer un intento para regresar al pasado de la ignominia.

Uno de los obstáculos que tiene la 4T en su lucha cotidiana contra la corrupción son algunos gobernadores que estaban acostumbrados a chantajear al gobierno federal. El presidente panista Vicente Fox Quesada se mantuvo en el cargo presidencial gracias a que cedía a las presiones de los gobernantes estatales. Esa misma estrategia utilizaron sucesivamente el también azul Felipe Calderón Hinojosa y el tricolor Enrique Peña Nieto ya que, dejando hacer a los señores gobernadores, el poder de Los Pinos estaba tranquilo, además, robaban en los dos niveles pero había armonía. AMLO sabe lo que hace y por eso se mantuvo firme ante embestidas de gobernadores como el de Jalisco, Enrique Alfaro; el de Chihuahua, Javier Corral; el de Michoacán, Silvano Aureoles; el de Nuevo León, Jaime Rodríguez y el de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca quienes hicieron de la llamada Alianza Federalista un grupo de presión.

Con la investigación de la Fiscalía General de la República cuyas evidencias se han entregado a la cámara de diputados, se verá si procede el juicio político contra el gobernador de Tamaulipas. García Cabeza de Vaca, hasta el momento de redactar la presente entrega, mantenía sus frágiles alegatos en el campo mediático, sin embargo, los medios más representativos a nivel nacional y regional han dado grandes espacios a las denuncias por delincuencia organizada, lavado de dinero y evasión fiscal que involucran a familiares cercanísimos al político reynosense quien podría estar cerca del fin de su carrera política que ha estado marcada por la sospecha, las acusaciones, los ajustes de cuentas, las renuncias inexplicables y designaciones de funcionarios en cargos estratégicos para personas originarias de otras entidades.

La narrativa del presidente AMLO sigue siendo la misma: contra la corrupción, que no será tapadera, que lo suyo no es la venganza y otras frases que todo México conoce, en cambio, la narrativa de Cabeza de Vaca parece centrarse en que las acusaciones son un agravio para las familias tamaulipecos. Miembros de la clase política local como Gustavo Cárdenas Gutiérrez, ya precisaron que los señalamientos son contra el jefe del ejecutivo, no contra los tamaulipecos. Los defensores de Francisco Javier insisten en que se trata de un tema político electoral y podrían tener razón, sin embargo, nadie podrá negar que en la 4T se da prioridad a la transparencia y todos los mexicanos, especialmente los tamaulipecos, tendremos acceso a toda la información del procedimiento legal y nadie podrá quejarse del debido proceso.

Quizás el gobernador ya sabía lo que podía venir y aparte de la carísima oficina de abogados de la Ciudad de México, recientemente contrató los servicios de Max Cortázar quien había manejado el tema de medios con Felipe Calderón y el difunto exgobernador de Puebla. Las supuestas habilidades del comunicólogo permanecen inéditas porque nuestro gobernador vive uno de los peores momentos de su carrera política porque, a las acusaciones ya conocidas, se sumarán otras aprovechando el escenario.

Correo: amlogtz@gmail.com