Por Helí Herrera Hernández,

         Les juro amables lectores y estimados radioescuchas que hago esfuerzos permanentes, cada semana, para evitar escribir-hablar de Andrés Manuel López Obrador, pero vaya que es imposible lograrlo, porque la metamorfosis  que ha sufrido es inaudita, es increíble.

El presidente ha pasado  de ser, del líder opositor integrador, al ejecutivo cínico-provocador, al político cara dura que ha ido perdiendo, a partir del primero de diciembre de 2018, toda la fuerza moral acumulada en sus batallas contra la corrupción y el mal gobierno, desde su salida del PRI, allá por 1989.

De aquel hombre prometedor de *la decencia política y honestidad valiente*, que aglutino a millones  y millones de compatriotas en torno a una esperanza republicana de construir un gobierno eficaz, cohesionador, incorruptible, con ministros y ministras eficientes en la distintas áreas económicas, sociales y de seguridad, paso a ser, desde que las autoridades electorales lo ratificaron como presidente electo, el hombre que pacto impunidad con los integrantes de la mafia del poder, realizando acuerdos en lo oscurito para no proceder en contra de estos pillos, y a partir de allí, López Obrador se ha seguido torciendo y perdiendo, día a día, credibilidad y, lo peor, que ha abrazado el cinismo, como la forma de conducirse.

Allí están las mañaneras, como prueba irrefutable de ese sesgo, desde donde llama a no obedecer las órdenes de los jueces, a desacatar el Estado de Derecho, a violar, para decirlo con todas sus letras, La Constitución, esa que el primero de diciembre de 2018 juro cumplir y hacerla cumplir.

Su cinismo raya ya en lo increíble, cuando desde ese pulpito de la 4ta transformación llama a sus gobernadores a acarrear a todos los beneficiarios de sus programas sociales, a dilapidar el dinero público para contratar miles de camiones para llevarlos a la ciudad de México a >la marcha del ego<; a sacar dinero de las arcas estatales (ese que se comprometieron administrarlo con pulcritud y honestidad, porque son distintos a los prianistas), para adquirir millones de frutsis y tortas para los acarreados y lo peor, hasta para amenazarlos de que si no van, no habrá aguinaldo ni renovación de contrato.

¿Donde quedo ese estribillo de Andrés Manuel que él, y sus cuatroteros, eran diferentes a los del PRI y a los del PAN?

La desfachatez, la ironía y el cinismo son la marca del presidente desde el pulpito de las mañaneras,  aceptando “la borregada” como método para llenar la plaza pública, la amenaza de perder el empleo, el pago de 500 pesos para lograr ese propósito egocentrista, de culto a la personalidad, de perdida de moral y de honestidad política.

¿Qué le queda a López Obrador, cuando el mismo se ha despojado de lo que lo hizo ser un líder opositor aglutinador, que nos hizo soñar (a mi en 2 votaciones 2006 y 2012), con un México distinto al que hoy el mismo tiene con mas de 135 mil mexicanos asesinados, los mas de 700 mil muertos por la pandemia, las mas de 13 mil mujeres acribilladas, con decenas de miles de desaparecidos, con territorios ya bajo los feudos de grupos de la delincuencia organizada, con hospitales públicos sin medicamentos (cáncer principalmente), con mas de 65 millones de mexicanos pobres, a los que les prometió que los iba a sacar de ese estándar, con hombres y mujeres en el desempleo y sin estancias infantiles, con mas de 9 millones de mexicanos en la miseria y sin seguro popular?

México se ha quedado hoy, con el eterno AMLO candidato opositor, provocador, y no con el presidente que nos prometió, en sus 3 campañas presidenciales, que sonriéramos porque íbamos a ser felices, porque se acabaría la corrupción, porque tendríamos servicios médicos similares a los de los países bajos, y porque habría paz y seguridad.

Que mejor ejemplo de todo este affaire, que las tres obras anunciadas como las estampillas de timbre de su gobierno >dos bocas-tren maya-aeropuerto Felipe Ángeles<, son hoy su peor pesadilla.

He allí lo falible de su gobierno.