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Por Iván Calderón
Para nada es casualidad que hoy México y Veracruz estén gobernados por mujeres surgidas de la escuela del lopezobradorismo. De hecho, entre la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la gobernadora Rocío Nahle García hay más coincidencias que el simple hecho histórico de ser las primeras mujeres en encabezar sus respectivos encargos, comparten origen, visión, disciplina y, sobre todo, una forma muy clara de entender el poder.
Le explico.
Las dos vienen de la izquierda, de la lucha política real, de construir desde abajo y de gobernar con estructura. Ninguna de ellas improvisa, tampoco, gobiernan al vapor, y, lo más importante, no gobiernan para la foto, gobiernan para cambiar inercias. Por eso, con liderazgo, capacidad y equipos sólidos, hoy están enfrentando resistencias, inercias viejas y hasta intereses enquistados.
Uno de los frentes más delicados, y al mismo tiempo más urgentes, es el de la procuración de justicia. La impunidad es un fantasma que persigue tanto al país como a Veracruz. Expedientes abiertos, deudas históricas, casos sin resolver. Y ahí es donde, sin rodeos, ambas decidieron meter mano.
En Veracruz, el Congreso del Estado acaba de aprobar con 42 votos a favor una reforma constitucional de alto calado que cambia el método de designación y reduce el periodo en el cargo de quien encabece la Fiscalía General del Estado. Ahora, el o la fiscal será propuesto por el Ejecutivo, aprobado por el Legislativo, durará cuatro años y podrá ser ratificado. Con esto, se acabó el blindaje sexenal y se cerraron las puertas a las fiscalías intocables.
A nivel federal, la sacudida vino con la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República, un relevo que no es menor; el proceso ahora pasa por el Senado con la selección de 10 aspirantes, su depuración y envío de terna a la presidencia y votación por mayoría calificada.
¿Casualidad? Para nada, sin ninguna duda.
Es la misma sintonía y visión de fondo; es la misma lógica de control institucional sin simulaciones. Sheinbaum y Nahle entienden que no se puede hablar de transformación sin tocar el sistema de justicia.
Lo que queda claro es que ambas caminan sobre la misma ruta: gobernar con resultados, aunque eso implique mover estructuras que durante años parecían intocables. El combate a la impunidad no solo es discurso, hoy empieza a traducirse en decisiones concretas.
Habrá que ver los resultados.
Y como siempre, el tiempo será el mejor juez, y una cosa es segura, los relevos ya están en marcha… y el mensaje será contundente.
En esta nueva etapa, nadie estará blindado.


