Las simulaciones del 8M

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Auditorios llenos, convocatorias masivas, mujeres al micrófono, redes sociales saturadas
de imágenes sobre féminas celebrado su Día internacional. Después de esa fecha, con la
agenda palomeada de haber cumplido, todas regresan a la rutina o como dijera Joan
Manuel Serrat “vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza…”
Y es que la simulación parece tener ahora rostro de mujer, porque las protagonistas,
las que toman el micrófono, las que suben a los paneles, las que están en el pódium son
las funcionarias, las políticas, las mujeres que “han roto el techo de cristal” mientras que
todas las demás fugen como comparsa, acarreo y coreografía.
Nada cambia y en los últimos años ha sido la misma comparsa institucional en
Tamaulipas, sin que mejore en nada la vida laboral; las cargas de trabajo siguen siendo las
mismas o mayores, porque algunas se atrasan por asistir al evento de la señora o la jefa;
los sueldos siguen siendo miserables, los tiempos apretados para correr de la casa al
trabajo y luego por los hijos.
Fuera de las instituciones, el Día Internacional de la Mujer pasa sin pena ni gloria,
los miles de mujeres que trabajan en la iniciativa privada o por su cuenta, las amas de casa
o cualquiera que viva fuera de las esferas del poder parece no alterarse, ni resignificarse,
porque ese día se ha convertido en el lucimiento de quienes ocupan puestos relevantes o
posiciones de privilegio frente a sus congéneres y aman ser vistas, escuchadas y
aplaudidas. Pero la cosa se agrava cuando descubrimos que casi todas están ahí, en las
altas esferas porque fueron “recomendadas por” o “son familiares de”, para cubrir las

cuotas de género, siendo designadas más por afectos que por capacidades, porque en
muchos casos sus perfiles profesionales y experiencias laborales no concuerdan con sus
encargos, pero esa es otra historia.
Escribo techo de cristal entre comillas, porque lo mismo da que en esos puestos
haya hombres o mujeres, pues en nada beneficia a las tamaulipecas el cambio de género
en la alta burocracia, porque no se ve ningún cambio sustantivo en beneficio para las que
vienen atrás o están abajo en el escalafón laboral. Es decir, las mujeres que han escalado
puestos suelen actuar, administrar y mandar sin que se note su perspectiva de género, en
la vida cotidiana de las instituciones no se palpa que han llegado.
Entre las múltiples participaciones que escuché de mujeres funcionarias a propósito
del 8M, recuerdo la insistencia de una panelista que se negaba a aceptar que el puesto que
ocupaba era por cuestión de cuota de género y afirmaba enfática que también contaba la
capacidad y la preparación, pero más adelante en el mismo discurso dijo que, aunque no
tenía el perfil para el puesto que ocupaba, ella tenía capacidad para desempeñarlo. Me
quedé con ganas de preguntarle que si ese lugar lo había adquirido por algún concurso de
oposición o que a través de quién había llegado.
El 8 de marzo parece vivirse en Tamaulipas en un multiuniverso, por una parte,
están las que utilizan la fecha para hablar desde el podio luciéndose frente a las que hacen
la chamba diaria; por otro, están las que en la calle o en la casa viven ajenas a esa
celebración y, por último, las que salen a marchar porque saben que algo aquí no está
funcionando como debiera. No sé a cuál grupo pertenezca usted, porque yo sigo sin
romper el techo de cristal, en el suelo pegajoso.