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Por: Pablo Filiberto Hernández Vélez
***Acayucan: cuando la Cuarta se convierte en cuarta
** Jalcomulco rumbo a ser destino Turístico y No cantina Rivereña…
***Todo éxito el Carnaval de Chontla…
***En Cerro Azul, ya se supo que el alcalde fue abucheado por la pobre cartelera que presentó …
***Tania Carola Irreverente…
***La Jucopo Conciliadora…
***Edgar Díaz Voz de la Indígena en el Congreso…
Lo que prometía ser transformación terminó convertido en deformación administrativa.
Le cuento a mis dos lectores: Acayucan, tierra de gente noble, trabajadora y paciente, enfrenta hoy una realidad incómoda. El experimento político llamado Raúl David Salomón García hace agua… y apenas transitan sus primeros cien días de gobierno.
Cien días que no han servido para gobernar, pero sí para evidenciar incapacidad.
Porque una cosa es montarse en la ola electoral de la llamada Cuarta Transformación y otra muy distinta es tener el tamaño político para administrar un municipio con historia, conflictos reales y ciudadanos que exigen resultados inmediatos.
Desde su llegada al Palacio Municipal, la inseguridad dejó de ser estadística para convertirse en miedo cotidiano. El cobro de piso vuelve a mencionarse en voz baja entre comerciantes; la extorsión reaparece como fantasma conocido; los homicidios comienzan a marcar la conversación social.
Y mientras tanto, la autoridad municipal parece más ocupada en explicar por qué no puede, que en demostrar que sí sabe.
Cuando un alcalde pierde el control en menos de cien días, no estamos frente a una curva de aprendizaje. Estamos ante una señal temprana de incompetencia administrativa.
Pero si la inseguridad preocupa, la basura humilla.
Hoy Acayucan no solo huele a abandono político; también huele literalmente a desechos acumulados. Calles convertidas en tiraderos improvisados, colonias ignoradas y rutas de recolección inexistentes han transformado un servicio básico en el símbolo más claro del desorden gubernamental.
Detrás del desastre aparece el viejo pecado de la política mexicana: las recomendaciones y los compromisos de campaña convertidos en cargos públicos.
Cuando los puestos se entregan por padrinazgo y no por capacidad, el resultado siempre es el mismo: improvisación, caos y una larga lista de pretextos.
Lo preocupante no es equivocarse —todo gobierno lo hace—.
Lo verdaderamente grave es gobernar sin rumbo.
Acayucan no votó por ocurrencias.
No votó por ensayo y error.
No votó por un alcalde rebasado por la realidad.
Votó por soluciones.
Hoy la narrativa oficial intenta cubrir la crisis con discursos ideológicos, pero la calle no se gobierna con consignas; se gobierna con estrategia, carácter y liderazgo.
Y cuando esas piezas faltan, aparece el vacío de poder.
Un vacío que, en municipios como Acayucan, se paga caro… muy caro.
Aún sin cumplir los primeros cien días ya se perciben desgaste político, desilusión ciudadana y enojo social. Si así comienza la administración, la pregunta resulta inevitable:
¿qué le espera al municipio en los próximos años?
Porque transformar no es repetir eslóganes.
Transformar es resolver.
Y hasta ahora, lo único que se ha transformado en Acayucan es la esperanza… convertida en desencanto.
El tiempo corre.
La paciencia se agota.
Y la historia política suele ser implacable con quienes confunden campaña con gobierno.
En Acayucan, la Cuarta llegó prometiendo grandeza… y amenaza con pasar a la historia como una simple administración de cuarta.
Brechas y Calzadas…
Interesante se pone Jalcomulco, donde el alcalde Roberto Ixtla Campuzano prepara la casa para recibir visitantes de distintas latitudes del estado y del país. La apuesta es clara: consolidar al municipio como destino turístico ordenado y no convertirlo —como él mismo advierte— en “una cantina a la orilla del río”. Mensaje directo para quienes confunden turismo con desorden.
Donde la cosa no cayó nada bien fue en Cerro Azul. El presidente municipal Fernando Espinosa Hernández presentó la cartelera del carnaval y terminó llevándose el abucheo popular. El argumento de siempre volvió a escena: no hay recursos. Lo curioso es que los pretextos parecen abundar más que las soluciones.
Caso distinto el de Chontla, donde el alcalde José Luis Ponce Zaleta sí entendió que las fiestas populares también son identidad y dignidad comunitaria. Su carnaval dejó buen sabor entre los asistentes y mostró organización, algo que siempre agradece la ciudadanía.
En Chinampa de Gorostiza, el trabajo de Baltazar Avendaño comienza a sentar precedente: gobernar con experiencia, cercanía y decisiones firmes empieza a marcar diferencia en el ayuntamiento.
Mientras tanto, en Tamalín, la profesora Bolivia del Ángel mantiene presencia tanto en la gestoría en la capital como en territorio, escuchando directamente a las comunidades. Política básica que muchos olvidan: gobernar también es saber escuchar.
En el Congreso local se abrió el pleno con polémica incluida. La diputada Tania Carola viveros Chazaro, volvió a llamar la atención al entonar el Himno Nacional con el puño cerrado en alto, gesto que para muchos resultó innecesario y poco acorde con la investidura legislativa.
Quien sorprendió fue el legislador Edgar Díaz Fuentes al presentar una iniciativa en favor de los pueblos indígenas, recordando desde tribuna que tener sangre originaria no es minoría, sino orgullo histórico que merece voz y reconocimiento real.
Y quien continúa operando políticamente con oficio es el coordinador de la JUCOPO, Esteban Bautista Hernández, quien intervino para conciliar conflictos en el ayuntamiento de Yecuatla, mostrando que la política también sirve para construir acuerdos… cuando se sabe ejercer.


