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Por: David Castellanos Terán
La Copa Mundial FIFA 2026 está a la vuelta de la esquina. México volverá a ser anfitrión de la máxima fiesta futbolera y, aunque Tamaulipas no será sede oficial de ningún partido – pipipipi- ,es un grave error asumir que el Mundial no nos pertenece.
Al contrario.
Si algo ha demostrado el fútbol es que su verdadero poder no está precisamente en los estadios monumentales ni en las transmisiones televisivas multimillonarias. Su fuerza radica en la capacidad de despertar ilusiones, unir comunidades y generar identidad entre personas que muchas veces no tienen otra cosa en común que el amor por un balón, en este caso, hoy de futbol.
Por eso vale la pena detenerse en iniciativas como la “Cascarita por la Paz”, impulsada por SIPINNA Tamaulipas en el Ejido Santa Clara de Ciudad Victoria. Más allá de los discursos institucionales, el mensaje es claro: aprovechar la euforia mundialista para sembrar algo positivo entre las nuevas generaciones.
Y es precisamente ahí donde el Gobierno de Tamaulipas tiene una oportunidad histórica. La fiesta mundialista no debe quedarse en las grandes ciudades ni en los eventos protocolarios. Debe recorrer ejidos, colonias populares, comunidades rurales y escuelas. Llegar hasta el último rincón del estado con torneos infantiles, rehabilitación de espacios deportivos —esto ya está sucediendo—, entrega de material deportivo, programas de convivencia y actividades que fortalezcan el tejido social.
Que el Mundial deje algo más que fotografías.
Que deje sonrisas.
Que deje recuerdos.
Que deje oportunidades.
Que deje infraestructura.
Que deje esperanza.
Porque para miles de niñas y niños tamaulipecos, el primer contacto con el deporte puede significar mucho más que aprender a patear un balón. Puede representar un camino para alejarse de la violencia, fortalecer su autoestima, descubrir talentos o simplemente encontrar un espacio seguro para convivir.
La secretaria ejecutiva de SIPINNA, Ivette Salazar Márquez, tiene razón al señalar que la construcción de una cultura de paz comienza desde la infancia. Y el secretario general de Gobierno, Héctor Joel Villegas González, también mete un golazo cuando coloca a las niñas y niños como prioridad de las políticas públicas.
El Mundial 2026 va a convertirse en una plataforma social, entonces debe aprovecharse al máximo.
Que cada municipio tenga su torneo.
Que cada escuela tenga su balón.
Que cada comunidad tenga su fiesta deportiva.
Que cada niño tenga una historia que contar cuando el Mundial termine.
Porque las Copas del Mundo duran apenas unas semanas.
Los buenos gobiernos logran que sus beneficios permanezcan durante generaciones.
En la intimidad… Mientras el Gobierno estatal busca capitalizar el espíritu mundialista para fortalecer el tejido social, la Universidad Autónoma de Tamaulipas está apostando por algo igual de importante: construir oportunidades reales para el talento deportivo local.
El rector Dámaso Anaya Alvarado concretó una alianza que podría marcar un antes y un después para cientos de jóvenes futbolistas tamaulipecos. La firma del convenio entre Correcaminos y Necaxa no solamente representa una colaboración institucional entre clubes; representa una puerta abierta hacia el máximo circuito del fútbol mexicano.
El mensaje es sencillo pero poderoso: los sueños deportivos ya no tienen que emigrar necesariamente para encontrar oportunidades.
La visión del rector apunta hacia donde debe caminar cualquier proyecto universitario moderno: formar profesionales, pero también abrir espacios para el desarrollo integral de los jóvenes.
Las Academias Correcaminos, la Copa UAT y ahora esta alianza estratégica con Necaxa pueden convertirse en una ruta sólida para detectar, formar y proyectar talento local.
Porque si algo necesita Tamaulipas es precisamente eso: oportunidades.
Y en un estado donde miles de niños siguen pateando balones en calles, parques y canchas de tierra, siempre será una buena noticia que alguien les recuerde que los sueños también pueden entrenarse.
@dect1608



