Fútbol contra pensamiento crítico

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Rutinas y quimeras

Por: Clara García Sáenz

Nunca me ha gustado el fútbol, pero en mi etapa laboral temprana aprendí rápidamente que no conviene enfrentarse al Mundial de fútbol y a sus seguidores cuando estás en horario laboral, porque terminas aborrecido, te ven como amargado y pedante, y caes mal.

En el mundial de 1994 me estrenaba como empleada universitaria y, en la mañana en que jugaba México, vi cómo todos en la oficina dispusieron sillas y una televisión en el centro para ver el partido. Yo, desde mi cubículo, los veía desconcertada, hasta que mi jefe se acercó a mí y dijo: “Ándale, licenciada, vente a ver el partido, aunque no te guste el fútbol”. Esa invitación, que entendí como una orden, me hizo comprender que nada en este país se mueve cuando juega la Selección mexicana.

Desde entonces no me resisto; todo se justifica, todo. La presidenta de la república lo entiende muy bien: desde el primer momento en que decretó un día de asueto para ver el partido inaugural de México contra Sudáfrica, ella sabía que la felicidad de los mexicanos está en disfrutar del partido, un instante en el que todo se detiene. Después, la vida sigue; sin embargo, muchos se escandalizaron por la medida, por la decisión de los gobiernos, de las escuelas y de otros muchos lugares del país que la secundaron. No entendieron que se trataba de un instante de felicidad en el que el mexicano olvida todo para ver jugar a la Selección. Luego vinieron los pedantes que critican los festejos, la expresión de felicidad de una multitud que les parece excesiva, y la alegría futbolera; no entienden que la vida está llena de esos momentos, breves como una fiesta.

El antropólogo Marco Vinicio Rueda define la fiesta como “un vivir intenso fuera de lo ordinario: no se vestirá como siempre, no comerá lo de todos los días, no hará lo que hace cada día, no estará allí donde suele estar, no se encontrará con sólo los suyos, no hablará lo que le ocupa ordinariamente la mente. Es un vivir no cotidiano, si bien enraizado en la vida.”

Por eso me causa ternurita ver cómo muchos intelectuales y políticos apelan al pensamiento crítico y racional para canalizar la fuerza desbordada de felicidad a favor de causas que cambien el mundo; no entienden que esa felicidad desbordada es la esencia genuina de los mexicanos.

Recuerdo una encuesta sobre la felicidad que se aplicó hace años en México y revelaba que, para el mexicano, la primera causa de felicidad era no hacer nada, así de sencillo. Por tonto que parezca, ¿qué hay de malo en que festejen los goles, el triunfo de la selección, que desborden las calles, que gasten energía en festejar?

Por qué tendríamos que ser serios, responsables y trabajadores durante el partido y después del triunfo del equipo, si lo somos todos los días y todas las horas. Porque nos guste o no, el México históricamente pobre, oprimido y menospreciado, está viviendo un momento de bienestar que lo pone de buen humor y lo hace festejar con el derecho que tiene de hacerlo por su naturaleza de ser un pueblo feliz. Así que, aunque haya quienes no les guste el fútbol, eviten interponerse en la felicidad de los mexicanos. Porque caerán gordos y quedarán mal parados. E-mail: garciasaenz70@gmail.com

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