Mi hermano Carlos

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Por Clara García Sáenz

Sin duda, mi hermano Carlos Luis es un personaje singular, controvertido, difícil de odiar, pero también de querer. Recuerdo que mi papá lo llamaba “Caos” en lugar de su nombre, tal vez porque esa palabra encerraba muchas de las contradicciones que su personalidad alberga.

Fue el quinto de la familia, nacido en Torreón, Coahuila; como mis seis hermanos mayores, que llegaron siendo niños a Ciudad del Maíz, S. L. P. así que, contrario a lo que se diga, es más maicense que lagunero.

Dicen que en esta vida hay dos clases de personas, las que vienen a divertirse y las que vienen a preocuparse; él sin duda es del primer grupo, desde muy niño mostró dotes para el dibujo y mi papá entusiasmado por el talento que tenía le compró un curso de correspondencia para que aprendiera a dibujar profesionalmente, desde entonces en mi casa lo consideraron con dotes artísticos; luego mi papá lo entrenó en el negocio familiar de la fotografía y desde adolescente empezó a tomar fotos en los eventos sociales del pueblo; pero como era una alma libre, de pronto se le desaparecía para irse con sus amigos.

A mi mamá le dio muchos dolores de cabeza porque le gustaba andar con sus amigos y poco atendía las tareas que le encargaba, pero todos en la familia terminaban consintiéndolo. Aprendió muy bien los oficios que mi padre realizaba para ganarse la vida; los más chicos le teníamos cierto temor porque se divertía haciéndonos enojar.

Con los años se fue volviendo muy solidario y, junto con mi hermano Gonzalo, cuidaba a mi papá, que en los últimos momentos de su vida se encontraba parapléjico, y atendía cualquier llamado de auxilio para apoyar en las labores de atención a mis padres ancianos.

Cuando murió mi papá, tomó las riendas de los asuntos familiares y, con mucha paciencia, fue deshaciendo la madeja de lo enredado de los bienes que habían quedado sin testamento.

Hoy viaja en motocicleta, como una aventura que en su juventud inició cuando acompañaba a mi papá a trabajar en los ranchos. A pesar de todas las recomendaciones que le hacen, propios y extraños, parece feliz, a pesar de los posibles riesgos que conlleva conducirla por las carreteras.

También, de vez en cuando, pinta murales como parte de su aprendizaje como dibujante, y le puso el nombre a su negocio fotográfico, como el que llevaba el de mi padre: “El Gran Lente”, y se esmera en que lo conozcan por ese nombre, como antaño lo hacían con mi papá. Mi madre contaba que le habían puesto Carlos por mi abuelo paterno y Luis por el día de su nacimiento, el 25 de agosto, día de San Luis Rey; por eso, le dedico este espacio, con el amor que siento por él y que guardo en mi corazón, en la cajita de los recuerdos entrañables de la familia que hoy abrí a modo de festejo.

E-mail: garciasaenz70@gmail.com

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