Por Helí Herrera Hernández.

         La obligación primaria que tiene todo gobierno en México y en el mundo, es la de brindar seguridad (paz y tranquilidad) a sus gobernados.

         Después de ésta, vienen otras, como la de ejecutar acciones tendientes a buscar el bienestar de las familias.

         En razón de la eficacia que ese gobierno tenga, para dotar a las sociedades que los llevaron al poder, de esos satisfactores, la historia los evaluará y calificará.

De allí aquella famosa frase que el presidente chileno Salvador Allende pronunciara en aquel trascendental discurso, previo a su inmolación el 11 de septiembre de 1973, día del golpe de estado perpetuado por Augusto Pinochet en el sureño país que vive sus mejores momentos, con la construcción de una nueva constitución que entierra a la dejada por el dictador, “”La historia los juzgara””, que se aplicará, irremediablemente, tanto al gobierno del ingeniero Cuitláhuac García Jiménez, como al de Andrés Manuel López Obrador.

Pongo ejemplos: Frente a los abusos que a diario cometen los dueños de las grúas, a lo largo y ancho del estado de Veracruz >no solo Xalapa<, que aprovechándose de las tropelías del personal de transito y transporte, para con los ciudadanos automovilistas y choferes de camiones, que llegan y levantan el auto para llevárselos al corralón, y así imponerles estratosféricas multas, viene una declaración temeraria del gobernador del estado afirmando “”Estamos en esta revisión de concesiones que se han hecho a empresas de grúas que lastimosamente pues aprovechan el hecho de alguna pequeña infracción de alguna persona en su vehículo e inmediatamente le imponen el arrastre al precio que quieren, al llevárselo a algún corral, como les decimos, le imponen también una cuota diaria, pues no podemos hacer gran cosa”” para meterlos al orden.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos, hombres y mujeres automovilistas, frente a esta incongruente manifestación del ejecutivo estatal, si no puede poner, con todo el poder que tiene como gobernador, en orden, a los dueños de las grúas, que han generado con sus >robos disfrazadas de cobro por arrastre y pensión< una generalizada inconformidad de la sociedad veracruzana, harta ya de estos asaltos legales, permitidos por el actual gobierno?

Ahora si, como algunas veces leo en twitter, aplica esta frase: -seré breve: ¿Es en serio gobernador?

Y que decir del gobierno federal, cuyas acciones van en sentido contrario al paraíso que nos ofreció, con una alza de precios en la mayoría de los bienes y servicios que ya asfixia, primordialmente, a mas de 80 millones de compatriotas de las clases sociales mas desprotegidas y necesitadas, pero que su principal angustia es la inseguridad, con un país donde asesinan mas de 90 mexicanos diariamente, donde la gota que derramo el vaso es el asesinato de los sacerdotes jesuitas que rondaban los 80 años: Javier Campos Morales (padre gallo), y Joaquín Cesar Mora Salazar (morita)  dentro de su iglesia en Cerocahui, Chihuahua, el pasado lunes 20 de junio, hecho que conmocionó no solo a México sino al mundo mismo, porque eran padres que hasta el ultimo minuto de su vida se dedicaron ayudar, proteger y dar abrazos a los compatriotas tarahumaras; el que afirmo no una, sino cientos de veces que iba a pacificar al país, se fue a “macanear” (jugar béisbol, sin desparpajo, ni pena, ni tristeza alguna, vomitando alegría por todos sus poros, como lo muestra el video que subió a twitter), al parque tranviarios, mientras el país se convulsiona en el caos inocultable ya.

Gobiernos no solo ineficaces, sino insensibles al dolor humano que me hacen reflexionar,  sino este suceso tan lamentable ocurrido en Cerocahui,  Chihuahua, marcara la caída inevitable del amloismo, como aquel hecho ocurrido en España, el 11 de marzo de 2004, donde 7 explosiones sacudieron 4 trenes en la periferia de Madrid, causando 193 personas fallecidas y mas de 2057 heridos, a escasos tres días de las elecciones presidenciales, cuando el partido popular (en el gobierno), lideraba las encuesetas con mas de 14 puntos de diferencia, y pierde la elección y el gobierno.

Porque una cosa es la simpatía que aun disfruta el ejecutivo federal, y otra cosa la (in) eficacia de su gobierno, que con estas reacciones al dolor humano nacional podrían iniciar la caída de su popularidad.

Gobernar mal desgasta, y conduce irremediablemente al descredito y la derrota.