Por: Clara García Sáenz

Aunque las Ciencias Sociales sirven para explicar los fenómenos sociales, sin duda es la cultura a partir de la cual se nos pueden hacer más compresibles los asuntos que en el presente nos resultan complicado entender.

La mayor parte de las veces el análisis o veracidad de los medios de comunicación, especialmente los noticiarios, carecen de un profundo conocimiento de los fenómenos sociales y no van más allá de su visión política que lo impregna todo, lo envenena y distorsiona nuestra forma de ver y comprender el mundo.

El caso de la pandemia en la India es el ejemplo más contundente de como la tragedia que se está viviendo producto de la propagación del covid sea tan mal entendida o presentada a partir del desconocimiento de la cultura, la economía y otros factores.

La imagen más socorrida por los noticiarios es la cantidad de piras funerarias, narrándose que se está viviendo un infierno porque los muertos son muchos y los crematorios no se dan abasto, “por eso la gente tiene que improvisar con maderas el fuego al exterior de estos para cremar a sus muertos” repiten los reporteros.

Decía el gran pensador mexicano Carlos Montemayor que si hay un mundo totalmente opuesto culturalmente a México es la India, su antípoda. Y es que la India, con una historia de más de 5000 años y un vasto territorio, es tanto en población como en historia tan compleja como su vecina, la China continental. Algunas claves que ayudan a explicarnos un poco la situación de infierno en la India son su cultura, religión y economía.

Después de que la Escuela de Chicago popularizó el neoliberalismo en la década de los 70, los organismos económicos internacionales lo impulsaron como un experimento en el tercer mundo, creando una burbuja llamada países emergentes donde aplicaron la receta del “descarte”, que consistía en que se diseñaban programas para impulsar el bienestar de las clases medias para que se convirtieran en una clase con poder adquisitivo y de consumo, a la vez que se abandonaba a los estratos más bajos a su suerte, ya que se consideraba que apoyar a los pobres era perder dinero, además de hacer lento el desarrollo capitalista.

Los tres países estrella de este experimento fueron en los años noventa del siglo pasado la India, México y Brasil. En el caso de la India el resultado en las últimas décadas fue “sorprendente” para los intereses de los organismos económicos internacionales, porque lograron que 100 millones de personas mejoraran su nivel adquisitivo (son 1300 millones de habitantes) y dieran un impulso de “progreso” al país.

Baste recordar la explicación que Felipe Calderón dio cuando en el 2009 se dio una crisis mundial en los mercados y él se apresuró a explicar que se debía a que en la India la gente había mejorado su nivel adquisitivo y “ahora compraba más arroz” (sic).

A pesar de esta “bonita historia” económica, lo que no se dice es que la India sigue viviendo en el régimen de castas y la gran mayoría de habitantes (900 millones, se calcula) pertenecen a la más baja, la descartada por el proyecto económico neoliberal, que viven en condiciones insalubres, sin agua, sin servicios básicos y hacinados en ciudades perdidas. El papel de baño no es un producto usual y comer con la mano es parte de su cultura.

No es por lo tanto la India el ejemplo del neoliberalismo que tanto se había pregonado en los últimos  años; la pandemia ha puesto al desnudo una miseria más allá de la historia de éxito que el capitalismo nos quiso contar.

Por cierto, los hindúes tienen por costumbre quemar a sus muertos, a diferencia de los cristianos que los enterramos, porque creen que para facilitar su viaje al otro mundo es necesario deshacerse de la materia, así, el espíritu pueda irse fácilmente.

Por tanto, las piras que vemos en la televisión, son parte de la ceremonia funeraria más allá de la falta de crematorios. Cierto es, que no lo están haciendo con los ritos tradicionales de llevarlos al Ganges para que la pira navegue por sus aguas y prepararla con maderas especiales, sin embargo, es parte de sus rituales.

Brasil, que vive una situación similar a la de la India tanto en salud como económica, ha sido invisibilizado, tal vez por vergüenza internacional o por no convenir a los intereses del capitalismo cuya prensa ignorante intenta contarnos los hechos reales como si fueran programas de televisión donde el horror, la riqueza y la mentira venden bien.

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