Por: Ambrocio López Gutiérrez

Ella es ahora una dama cincuentona, morena, optimista, vive con un sujeto que la ama, convive con sus hermanos, una nuera y una nieta que es su debilidad pero no siempre fue así porque tuvo una infancia y adolescencia que le llevaron a vivir experiencias como menor en situación extraordinariamente difícil. Ser la única mujer entre varios hermanos la motivó a emprender tareas masculinas creando en la niñez fuertes vínculos con su padre que se deterioraron cuando ella creció y ejerció todas las libertades juveniles posibles en la Ciudad de México donde vivía y donde tuvo sus primeros acercamientos con el oscuro mundo de las adicciones. Sol cuenta que ya viviendo en Victoria arreció su gusto por la yerba y se hizo muy amiga de un grupo de borrachos y mariguanos con los que compartía el churro y el trago por las orillas de la vía del ferrocarril.

Las lágrimas asoman a sus ojos cuando recuerda su pertenencia al escuadrón de la muerte donde, ya drogada y borracha, se olvidaba de todos sus sufrimientos, de las necesidades de los hijos y de las súplicas de su madre que siempre le decía que dejara de consumir sustancias que le hacían daño. Cuando le avisaron que uno de sus hijos había muerto en la frontera se sintió culpable porque el muchacho perdió la vida también por problema de consumo desmedido de estimulantes. Llorando narra que a su hijo lo molieron a golpes en Reynosa pero cuando eso pasó ni se imaginaba que su otro hijo moriría también en circunstancias dramáticas en esta capital dejando una viuda y una pequeña en la orfandad. Sol se consuela diciendo con frecuencia que le queda su hija que vive en pareja en Cancún donde ambos trabajan desde hace tiempo. Presume bromeando a veces que, gracias a su muchacha, puede vacacionar con frecuencia en un destino turístico de talla mundial.

Entre las tareas que aprendía desde pequeña está su habilidad para seleccionar, fraccionar y comercializar carnitas de cerdo y ríe cuando afirma que ella misma, con sus manitas, mata los puercos que personalmente busca y compra para luego vender en tacos o por kilos dos días a la semana. Precisamente cuando ofrecía su producto en una de las plazas de esta capital fue testigo de cómo, a escasos metros de su establecimiento, balacearon a una de sus mejores amigas de la época de consumo. Su camarada como ella la sigue llamando, fue su compañera de francachelas, compartieron la bebida y el cigarro de mariguana, convivieron durante años en los escuadrones de la muerte y su única frustración es que no pudo llevar a su amiga al grupo de autoayuda para que intentara recuperarse de los malos hábitos. Al cumplir cuatro años sin consumir ni una gota de alcohol, ni una fumada de yerba fatídica, Sol agradeció a sus compañeros y amigos del grupo Unidad de Alcohólicos Anónimos por la ayuda recibida, por la sobriedad alcanzada, por las alegrías, por las risas, por la vida.

Él es un hombre joven en sus treinta, reconoce que consumió de forma inmoderada bebidas alcohólicas, mariguana y otras drogas duras desde la adolescencia. Cuando logró que su familia le patrocinara su estancia con una familiar en la capital de la república se sintió sin freno y se lanzó al vacío de las adicciones. Migue cuenta que se salía de las discotecas hasta que se quedaba sin un peso, salía a la calle, se sentaba en una banqueta a pensar cómo es que se gastaba todo lo que le enviaban para su manutención de un mes en un fin de semana de fiesta con amistades efímeras que le abandonaban en cuanto se le acababa el recurso financiero. Una mañana, con una cruda espantosa decidió pedir ayuda y lo internaron para rehabilitarlo; cuando salió regresó a Victoria a

vivir con su familia y a los pocos días emprendió en serio su proceso de recuperación asistiendo casi a diario a las reuniones de hora y media en el grupo de AA.

Migue llegó muy joven al grupo de autoayuda, se reincorporó a sus estudios de psicología en la UAT, se graduó, presta sus servicios en otra prestigiada institución educativa de la localidad, es un tipo inquieto, siempre pensando en su superación personal, vive solo pero tiene un contacto frecuente con sus padres y hermanos y recientemente se inscribió a un posgrado a distancia que imparte la UADY. Siendo un adulto joven se ha convertido en un veterano de AA donde ha prestado varios servicios, ha asistido a múltiples encuentros como congresos, seminarios y asambleas informativas en diversas localidades. Su profesión de psicólogo le da un valor agregado a su proceso de recuperación del alcoholismo y la drogadicción pues le brinda habilidades para conocerse más a él mismo y prestar ayuda frecuente a sus compañeros. Optimista, sonriente, echado hacia adelante, Migue cumplió 15 años de sobriedad.

Para dar gracias a Dios por los logros de Sol y Migue, más de veinte hombres y mujeres se reunieron recientemente en las instalaciones del grupo Unidad de AA donde casi todos los felicitaron en su aniversario. Aarón coordinó la reunión e invitó a todos los presentes a expresarse luego de haberles leído el primer paso de los doce que integran el sencillo plan de recuperación. Luego de recibir los mensajes verbales de cada uno de los presentes, Sol y Migue se congratularon de pertenecer al movimiento de AA donde encontraron la tranquilidad, objetivos para crecer en armonía, amigos de verdad, la reconciliación con la familia y la alegría de vivir.

Correo: amlogtz@gmail.com