Por: Ambrocio López Gutiérrez

Atrás quedaron los discursos, las exhortaciones, las sugerencias y las súplicas de los candidatos a puestos de elección quienes hicieron su esfuerzo para ganarse el ánimo del electorado a pesar de que tuvieron obstáculos que se reflejaron en los medios de comunicación. En Tampico el candidato a repetir como alcalde fue señalado como cómplice del aun gobernador, Francisco N, de quien sería prestanombres. En Reynosa el puntero por la presidencia municipal ha sido mencionado como un muchacho sin oficio ni beneficio, que vive en casa de sus padres pero que cuenta con una inmensa fortuna que le ha sido donada por ellos. En Matamoros una candidata conservadora para presidir el ayuntamiento fue sorprendida por sus opositores con cientos de despensas para repartir en colonias populares. En esta capital, la reina de las encuestas fue denunciada mediáticamente como machista golpeador de su pareja. La reina del nepotismo, la otra que pretende ser alcaldesa de Victoria apoyada desde el palacio del 15 Juárez fue víctima de señalamientos por su supuesto consumo de drogas prohibidas.

Vale mencionar que los grandes medios impresos, las cadenas radiofónicas y televisivas poco contribuyeron a informar con objetividad sobre las campañas centrándose en lo folklórico, en las ocurrencias para llamar la atención y la violencia que dañó a decenas de aspirantes a distintos cargos a nivel nacional. Repitieron escenas del tipo que en Chihuahua apareció ante sus seguidores saliendo de un ataúd; viralizaron escenas de una candidata de un pueblo de San Luis Potosí que le mentaba la madre a unos sujetos que la habían balaceado; se burlaron de políticos de otras entidades que bailaban o contaban chistes para trabajar el voto y se excedieron con la principal candidata a gobernadora de Guerrero a quien criticaron múltiples ocasiones por cantar en sus mítines canciones de la difunta artista texana Selena Quintanilla. Podríamos estar de acuerdo en que hubo excesos verbales, protagonismo desmedido o desesperación de algunos partidos, sin embargo, vale recordar que son seres humanos, cometen errores y merecen todo nuestro respeto, consideración y, quizá, nuestro voto.

Hasta el presidente Andrés Manuel López Obrador fue cuestionado y censurado por sus pronunciamientos que él considera respuestas para sus adversarios quienes aprovechan cualquier desliz para tupirle por todos los medios a su alcance. A pesar de los límites a su libertad de expresión, a pocas horas de los comicios, reiteró su vocación por apoyar a los pobres basándose en su filosofía personal y en sus creencias cristianas que desataron de inmediato otra ola de comentarios. Algunos medios dijeron que, al fin AMLO reconocía que es protestante; otros sostienen que el tabasqueño confirmó que es católico y otros le acusan de aprovecharse de que en México cerca del noventa por ciento de los ciudadanos se asumen parte del cristianismo. Quienes hemos seguido el discurso del presidente desde que era opositor creemos que ha sido congruente en sus creencias demostrando la teoría de un prestigiado historiador de la UNAM quien, cuando hay controversias entre sus alumnos, sostiene que: en este mundo quien no sea un poco cristiano o un poco marxista, ha de ser extraterrestre.

En ese contexto lo recomendable es acudir el domingo a las urnas con alegría, con optimismo, con la confianza de que hemos contribuido a construir nuestra democracia que, con todas sus deficiencias, nos permite votar en libertad por el partido o la persona que se nos pegue la gana. Votemos recordando al checo Julios Fucik: “por la alegría he vivido, por la alegría he ido al combate, que la tristeza no vaya unida a mi existencia”.

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