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Por: Zaira Rosas
Hay personas cuyo paso por la vida pública puede medirse por los cargos que ocuparon, las responsabilidades que asumieron o los personajes con quienes convivieron. Pero hay otras a las que, al final del camino, se les recuerda fundamentalmente por su calidad humana. Don Ángel Álvaro Peña pertenecía a estas últimas.
Tuve la oportunidad de conocerlo y tratarlo, y siempre encontré en él a un hombre amable, culto y de conversación amena. De esos personajes con los que uno podía sentarse a platicar y dejar correr el tiempo entre recuerdos, anécdotas, política, periodismo y, por supuesto, Veracruz.
No conocí a su familia, pero sí recuerdo el cariño con el que hablaba de sus hijos. Bastaba escucharlo para comprender el lugar que ocupaban en su vida.
También conocí su generosidad. Don Ángel era un hombre altruista, dispuesto a tender la mano y ayudar cuando estaba en sus posibilidades hacerlo. Quizá por eso pienso que pocas veces el nombre de una columna describió tan bien a quien la escribía: “Alma Grande”.
Ángel Álvaro Peña nació en Tuxpan, Veracruz, en 1936, y fue egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Su larga trayectoria lo llevó por el periodismo, la política y el servicio público. Fue jefe de Giras durante la Presidencia de José López Portillo y, años después, regresó a servir a su estado como secretario de Turismo durante la administración de Fidel Herrera Beltrán. También estuvo al frente de la revista Políticos al Desnudo y recibió reconocimientos por su trayectoria periodística.
Su relación con el periodismo nunca terminó. Hasta prácticamente sus últimos días siguió escribiendo y opinando sobre la realidad nacional y veracruzana. Su columna “Alma Grande” apareció en distintos medios y tuvo una presencia constante en López-Dóriga Digital, espacio de su amigo y compadre: Joaquín López-Dóriga.
Resulta admirable que, después de tantas décadas, conservara intacta esa vocación de observar, analizar y escribir. Apenas en agosto seguía publicando sobre Veracruz, su turismo y la vida pública del país.
Pero detrás del funcionario, del periodista y del hombre relacionado con personajes relevantes de la vida política mexicana, estaba Don Ángel: el amigo, el conversador, el hombre generoso y cordial.
Por eso hoy no quisiera despedir solamente al exsecretario, al periodista o al servidor público. Quisiera recordar al caballero.
A ese hombre que, en el trato cotidiano, hacía honor al título de su columna. Don Ángel Álvaro Peña fue, verdaderamente, un caballero de alma grande, altruista, generoso y sumamente inteligente, sabía cómo conectar con las personas y siempre tenía un mensaje cargado de palabras amables para los demás.
Descanse en paz.
A sus hijos, familiares, amigos, compañeros y a todos aquellos que tuvieron el privilegio de compartir una parte del camino con él, expresamos nuestro más sincero pésame y nuestra solidaridad ante esta irreparable pérdida.
zairosas.22@gmail.com



