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Es el Bypass de la Sucesión, no será fácil. El quirófano político de Tamaulipas está encendido, insisto, el diagnóstico es reservado. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) tiene hasta el último día de diciembre para realizar una delicada cirugía a corazón abierto: definir a los coordinadores de los 43 municipios.
Volvemos a lo mismo: no es cualquier intervención; no se trata de un simple procedimiento ambulatorio. Quienes logren superar el postoperatorio, y ganar las alcaldías pata llegar al primero de octubre de 2027 deberán mantener un gasto cardíaco estable, porque ellos serán los responsables directos de asegurar la viabilidad del miocardio guinda y cuidar la sucesión del jefe del Ejecutivo estatal, Américo Villarreal Anaya, en octubre de 2028. Si falla la sutura en los municipios para la elección de junio de 2027, sobrevendrá una isquemia fulminante para el proyecto irreversible de la Cuarta Transformación.
El plan quirúrgico comenzó con un constante bombeo rítmico, alternando la presión entre el norte y el sur del estado para mantener la hemodinámica del partido.
El primer latido lo dio el alcalde de Matamoros, Beto Granados Favila. El joven político ya había demostrado una frecuencia cardíaca perfectamente sintonizada con el tercer piso de gobierno al posponer su registro para priorizar la inauguración de la Feria Tamaulipas. El sábado por la tarde, con una impecable camisa blanca —el campo estéril reglamentario— y un muro de lambrín de fondo, se consolidó como el primer injerto oficial del bloque norte.
De inmediato, el flujo sanguíneo viró hacia el extremo nororiental. Al cierre del sábado, Ninfa Cantú Deándar, hasta hace poco cirujana de la economía estatal, anunció su registro para Nuevo Laredo. Sobria, elegante y con un pulso médico impecable, Ninfa «La Hechicera» se unió a este equipo quirúrgico de alto riesgo, pero, de esos que saben cómo se aplica un clampaje aórtico sin margen de error.
El domingo por la mañana, la circulación descendió bruscamente hacia el sur de la entidad. Morena abrió la jornada con la diputada federal Blanca Araceli Narro Panameño, quien busca la coordinación de Altamira. Manteniendo el mismo código de vestimenta —bata blanca e impoluta—, Narro Panameño demostró un temple de hierro forjado en las bases del magisterio; una mujer acostumbrada a las largas jornadas de auscultación territorial y a comer frío en la ambulancia de la política.
Sin dar tiempo al reposo, el instrumental regresó al norte. En Reynosa, Magaly Deandar Robinson emitió su reporte clínico en redes sociales. Con la madurez de quien conoce la anatomía fronteriza, Magaly vistió el uniforme blanco, pero con un diagnóstico severo: su misión será realizar una resección radical para arrebatarle el tejido municipal a los «Makitos».
Acto seguido, la diástole partidista volvió al sur, específicamente a Ciudad Madero, donde Erasmo González Robledo y su esposa se reportaron listos en el quirófano para dar continuidad al tratamiento de la urbe petrolera.
Hasta ese instante, la anatomía de género en los municipios grandes lucía simétrica y saludable: un equilibrio de dos hombres y tres mujeres. Sin embargo, antes de cerrar el turno dominical, el monitor clínico registró una arritmia sospechosa.
La alcaldesa de Tampico, Mónica Zácil Villarreal Anaya, alteró drásticamente el protocolo del área gris. Aunque portaba la blusa blanca de la disciplina institucional, encima se colocó una chaqueta de entretiempo color rosa, rompiendo el monótono estándar visual. Además, rechazó la rigidez de la foto tradicional y se mostró sentada tras un escritorio, con el documento de registro sobre la mesa, los brazos entrelazados y una sonrisa sumamente sugestiva, respaldada por una infografía de sus signos vitales y logros de gestión.
Una estampa completamente distinta a la de sus correligionarias de Nuevo Laredo, Altamira y Reynosa. Algo se trama en el laboratorio de doña Mónica; un tratamiento alternativo que rompe la norma del estetoscopio tradicional.
Al tiempo.
Ya en el crepúsculo del domingo, cuando la jornada quirúrgica parecía agotar sus reservas, el torrente sanguíneo electoral se desplazó desde la zona metropolitana del sur con un claro vector hacia la región centro de Tamaulipas. Fue ahí donde la alcaldesa Patty Chio, con el pulso firme y manifestando abiertamente tener “el corazón puesto en El Mante”, aguardó pacientemente su turno en la sala de operaciones. En un diagnóstico visual sumamente interesante, Chio hizo público su registro con una serie de libros selectos como soporte anatómico de fondo, inyectándole un componente de rigurosa salud intelectual a la bitácutica clínica del movimiento. Con este ajuste, la frontera cañera estabiliza sus constantes vitales bajo el rigor de la disciplina partidista.
En la intimidad… Mientras Morena sutura, en la acera de enfrente, los panistas de Ciudad Madero sufren un paro cardiorrespiratorio autoinfligido. En lugar de blindar su precaria salud electoral, han comenzado a atacar por la espalda a Gil Gallegos. Podrá no tener el tipo de sangre del panismo ortodoxo, pero Gallegos ha sido la única válvula de escape y verdadera oposición al ayuntamiento maderense. Destruirlo internamente es extirpar la única piedrita en el zapato de Erasmo González, dejándole el camino libre para un diagnóstico de victoria absoluta.
El que de plano sufrió de hipertensión severa y se pasó de la raya con la dosis de esteroides fue el dos veces alcalde de Tampico y actual diputado federal, Chucho Nader.
El pasado viernes, durante la visita del dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, Chucho armó un despliegue de fuerza muscular digno de una hipertrofia ventricular izquierda. Romero le levantó la mano como «coordinador de la defensa de la familia, los valores» y otros conceptos de la farmacopea blanquiazul. Sin embargo, tras semejante cateterismo político, el cuerpo médico advierte que Chucho tiene más cara de coordinador general de campaña y candidato plurinominal al Congreso de la Unión, que de paciente dispuesto a someterse al desgaste de una candidatura de mayoría relativa.
¿apostamos? Chucho y Mónica, se verán las caras, sí, pero en el Congreso de la Unión.
@dect1608


