Dijo mi mamá que siempre no: Rocha Moya vuelve a pedir licencia entre acusaciones y aislamiento político

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Crónicas del Sur | Por: José Juan Tomas

 “Dijo mi mamá que siempre no”. Así termina, al menos por ahora, otro capítulo del accidentado gobierno de Rubén Rocha Moya.

El gobernador de Sinaloa regresó al cargo y, poco después, volvió a solicitar licencia, ahora por tiempo indefinido. Una decisión que inevitablemente abre una pregunta: ¿para qué regresó si políticamente no tenía las condiciones para permanecer?

El problema de Rocha Moya no es solamente administrativo. Su gobierno ha quedado atrapado en una tormenta política marcada por cuestionamientos, investigaciones y señalamientos relacionados con la violencia que azota a Sinaloa.

Entre las acusaciones más delicadas que han circulado se encuentra la presunta existencia de protección institucional hacia integrantes de “Los Chapitos”, una imputación de enorme gravedad que, hasta donde corresponde, debe ser investigada y acreditada por las autoridades competentes.

Pero en política, las percepciones también pesan.

Y la percepción que queda después de estos acontecimientos es la de un gobernador cada vez más aislado, que primero se separó del cargo, posteriormente decidió regresar y ahora vuelve a pedir licencia.

¿Qué cambió en tan poco tiempo?

¿Cambió la situación jurídica? ¿Cambió el respaldo político? ¿O simplemente descubrió que gobernar sin el respaldo de su partido y del Gobierno Federal era mucho más complicado de lo que imaginaba?

Porque una cosa es tener el nombramiento constitucional y otra muy distinta tener capacidad política para ejercer el poder.

El regreso de Rocha Moya, lejos de cerrar la crisis, parece haber abierto nuevas preguntas. Y ahora será el Congreso de Sinaloa quien deberá intervenir para determinar quién asumirá la conducción del estado durante el periodo restante.

Mientras tanto, queda un gobernador que va y viene, una administración cuestionada y una sociedad sinaloense que sigue esperando respuestas frente a la violencia.

Si las acusaciones sobre una eventual protección institucional al crimen organizado tienen sustento, las autoridades deben llegar hasta las últimas consecuencias. Y si no lo tienen, también corresponde aclararlo públicamente y con pruebas.

Lo que no puede quedar en medio es la verdad.

Porque Sinaloa no necesita más versiones políticas.

Necesita respuestas.

Y Rocha Moya, por segunda ocasión, parece haber optado por la puerta de salida.

Dijo mi mamá que siempre no.

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