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Por: David Ed Castellanos Terán
Si el sur de Tamaulipas se queda sin agua, el nombre propio del responsable ya saben quién es: Efraín Morales López, correcto. Y hoy no es la sequía, no es el clima, no es una fatalidad natural. Es la omisión reiterada del ahora director general de la Comisión Nacional del Agua, un funcionario que ha decidido ignorar las necesidades tamaulipecas, y “administrar” la crisis en lugar de resolverla de fondo, aun cuando está en juego el abasto del vital líquido para alrededor de un millón de habitantes y para una de las regiones industriales más productivas del país.
La historia es conocida y, por eso mismo, inadmisible. El dique de El Camalote, pieza estratégica del Sistema Lagunario del Río Tamesí (SLRT), volvió a colapsar. Otra fuga. Otra vez. En esta ocasión, con una pérdida estimada de 26 mil metros cúbicos de agua dulce cada 24 horas, mientras la CONAGUA se refugia detrás de escritorios y enormes sillas —porque les quedan gigantescas—, aunado a esa narrativa insultante: “Se investiga qué sucedió”.
Pero, Efraín, no juegues, tu gente no se puede preguntar “qué pasó”, no, si nunca han hecho, ni hicieron nada.
¿Van llegando? Por favor, desde hace años —y con mayor gravedad desde septiembre de 2025— las esclusas de El Camalote dejaron de operar. Compuertas diseñadas para impedir la fuga de agua dulce hacia zonas de captación salobre y, al mismo tiempo, permitir el tránsito de las embarcaciones de los pescadores. Fallaron ambas funciones. Y cuando el Estado abandona su responsabilidad, la gente actúa.
Los pescadores lo dijeron sin rodeos. Ellos provocaron la ruptura del dique. No por vandalismo, sino por desesperación. “Para que nos hagan caso”, explicaron. Porque nadie volvió. Porque los funcionarios solo regresaban para tomarse la foto con una compuerta nueva que no servía. Porque cuando se rompió de verdad, la CONAGUA no apareció.
Hablar entonces de “revisiones técnicas” es una burla. Tan ridícula como el nivel de compromiso mostrado por el personal bajo el mando de Morales López, un abogado egresado de la Universidad del Valle de México que debería entender —mejor que nadie— que la omisión también genera responsabilidad legal cuando se pone en riesgo la seguridad hídrica, económica y social de toda una región; quizás en la UVM no se lo enseñaron o no entró a esa clase el chavlin.
Mientras la CONAGUA se ausenta, otros hacen su trabajo. Los gobiernos municipales de Altamira, Ciudad Madero y Tampico, junto con el Gobierno de Tamaulipas, han tenido que suplir al organismo federal, reforzando diques con costaleras para evitar un colapso mayor. Incluso la iniciativa privada, a través de la AISTAC, reconstruyó compuertas que la propia CONAGUA fue incapaz de mantener operando.
Funcionarios de la Cuenca Golfo Norte —hoy, por cierto, acéfala— reconocen que el tema hídrico es un asunto de seguridad nacional. Lo saben. Lo dicen. Pero no actúan. Y esa es la verdadera tragedia.
Resulta inconcebible que, después de la crisis del 2024, con el antecedente fresco de que el agua también se acaba en esta región del país, el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo tolere que la CONAGUA siga atrapada en un círculo vicioso de negligencia en El Camalote. No es falta de recursos. No es desconocimiento. Es indiferencia institucionalizada, y sí, desde el sexenio de Andrés Manuel “corrupto” Obrador, y más atrás.
En la intimidad… Con mesura y sin aspavientos, los datos duros obligan a una lectura cuidadosa. En enero de 2026, Tamaulipas registró 14 homicidios dolosos, la cifra más baja para un mes de enero en los últimos diez años y una reducción anual del 46.2 por ciento en el promedio diario respecto a enero de 2025. El estado representó apenas el 0.9 por ciento de los casos registrados a nivel nacional.
Los indicadores fueron presentados durante la Mañanera del Pueblo encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, a través del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, cuya titular, Marcela Figueroa Franco, destacó que enero de 2026 es también el mes con menor incidencia de homicidio doloso en los últimos 17 meses.
A nivel nacional, la comparación entre octubre de 2024 y enero de 2026 muestra una reducción del 31 por ciento en delitos de alto impacto, al pasar de 636.6 a 441.3 casos diarios en promedio. En ese contexto, Tamaulipas aparece como una de las entidades con mejores indicadores, resultado —según el discurso oficial— de la estrategia de seguridad implementada desde el inicio del gobierno de Américo Villarreal.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó además sobre la detención de cuatro personas el 31 de enero de 2026 en González, entre ellas Serapio “N”, identificado como jefe de célula delictiva, así como el aseguramiento de armas, granadas y vehículos.
Son cifras oficiales. Estadísticas que se difunden desde el gobierno federal y que deben leerse con prudencia. Sin festejos anticipados ni triunfalismos. No vaya a ser que, como suele ocurrir en este país, alguien tenga otros datos.
@dect1608

