El hambre del bienestar 

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Pocas decisiones gubernamentales son tan concretas como aquellas que se traducen en un plato de comida caliente sobre la mesa. En Tamaulipas, el programa Comedores del Bienestar intenta justamente eso: convertir la política pública en una respuesta tangible frente a una de las carencias más persistentes del país, la alimentaria. Correcto, sinónimo de pobreza.

La reciente firma de un convenio de colaboración entre la Secretaría de Bienestar Social del Gobierno de Tamaulipas y seis ayuntamientos —Aldama, Burgos, El Mante, González, Tampico y Xicoténcatl— confirma que la estrategia estatal busca ampliar su alcance territorial. 

La adhesión municipal significa asumir, desde lo local, la responsabilidad de sostener un modelo que requiere coordinación, recursos y, sobre todo, continuidad… ¿sin distingos partidistas?

El acto protocolario se realizó en la Sala de Juntas de la SEBIEN, en el piso 20 de la Torre Bicentenario, donde la titular de la dependencia, Silvia Casas González, recibió a los alcaldes que se suman al programa. En el discurso institucional se reiteró que la política social del gobernador Américo Villarreal Anaya ha colocado en el centro de su narrativa gubernamental a los sectores más vulnerables.

Sin embargo, el modelo operativo revela un esquema interesante de corresponsabilidad. El gobierno estatal aporta mobiliario, enseres, suministros alimentarios y respaldo social a las cocineras que diariamente preparan los alimentos. Los municipios, por su parte, asumen la infraestructura física y los servicios básicos: agua, energía eléctrica y gas… casi les dejan lo más caro, sobre todo con las tarifas de la CFE y ese servicio precario que ofertan, en fin. 

En términos prácticos, se trata de una fórmula de cooperación administrativa que busca garantizar algo que parece simple, pero que no siempre lo es: comida suficiente, variada y nutritiva para quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad.

Antes de la incorporación de estos seis municipios, el programa ya operaba con 60 comedores distribuidos en distintos puntos del estado, atendiendo a más de 2 mil 600 comensales que reciben alimentos calientes dos veces al día, de lunes a viernes. La cifra, aunque modesta frente al tamaño de la población tamaulipeca, revela una estructura social que ya está funcionando y que ahora pretende ampliarse.

La fotografía política del evento también resulta reveladora. En la mesa estuvieron presentes los alcaldes María Noemí Sosa Villarreal (Aldama), Marco Polo Garza Martínez (Burgos), Martha Patricia Chío de la Garza (El Mante), Miguel Alejandro Zúñiga Rodríguez (González), Mónica Villarreal Anaya (Tampico) y Mariela López Sosa (Xicoténcatl), acompañados por funcionarios estatales como Demetrio Reyes Monsiváis, Alejandra Félix Ramos y Dominga Cepeda Báez.

Ahora que la coordinación intergubernamental dejó de lado la polarización obradorista que se sumen todos los esfuerzos y acaben con el hambre, por cierto, si no se imagina cómo empezar, pueden ir a comprar pescados y llenar esos platillos de los niños con omega tres. 

La sociedad observará  con lupa si ese humanismo logra sostenerse en el tiempo o se queda en un eslogan. El reto es convertir los programas sociales en instituciones permanentes, capaces de sobrevivir a los cambios políticos y de responder a una realidad donde la pobreza alimentaria sigue siendo una deuda histórica.

En la intimidad… La Dirección de Tránsito y Vialidad de Ciudad Madero está a punto de enfrentar uno de los momentos más complejos del calendario anual: el periodo vacacional de Semana Santa, cuando miles de visitantes se concentran en la zona sur de Tamaulipas, particularmente en Playa Miramar.

Sin embargo, la corporación sigue sin un comandante formal al frente.

La ausencia de un titular en una dependencia estratégica no es un asunto menor. En materia de movilidad urbana y seguridad vial, la coordinación operativa resulta fundamental, especialmente cuando el flujo vehicular se multiplica y la presión turística exige respuestas rápidas.

Más allá del debate administrativo, el momento exige algo más amplio: una mesa de diálogo entre los tres niveles de gobierno. La movilidad en un destino turístico no es únicamente un asunto municipal; involucra también a autoridades estatales, federales y a la propia sociedad organizada.

Si los organismos camarales —hoteleros, restauranteros, comerciantes— cuentan con perfiles que cumplan con el nivel técnico y profesional necesario, es momento de presentarlos y participar. La construcción de instituciones no puede limitarse a los días de campaña, cuando abundan los foros de consulta y las mesas de trabajo.

Gobierno y sociedad no se encuentran únicamente en la coyuntura electoral. Se acompañan durante todo el ejercicio de la administración pública.

De ahí que algunos sectores comiencen a preguntarse si el ayuntamiento está abriendo realmente la puerta a la participación o si, por el contrario, está construyendo un escenario donde la colaboración termine convertida en una trampa política.

Lo cierto es que la temporada turística está a la vuelta de la esquina.

Y quizá la Dirección de Tránsito de Ciudad Madero podría convertirse en un ejemplo de algo que la política mexicana suele olvidar: que cuando sociedad y gobierno deciden trabajar juntos, las soluciones pueden construirse a lo grande.

davidcastellanost@hotmail.com

@dect1608