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Por: Zaira Rosas
Llevo más de 7 años dando clases a universitarios, disfruto profundamente ver sus procesos de aprendizaje y transformación de datos, pero también aprendo con el cambio de generación, sin embargo últimamente tengo la sensación de lidiar con múltiples segmentos, por un lado encuentro empatía con quienes nacieron a principios de los 2000, de repente veo un cambio considerable en quienes llegaron a finales de 2005 y me asombro con los términos para expresar cosas cotidianas de quienes aún no llegan al nivel universitario pero parecieran saberlo todo gracias a su gran conexión digital.
Esa percepción no es casual. Vivimos en una época donde el acceso a la información ha dejado de ser un privilegio para convertirse en una sobrecarga constante. Cada minuto se suben más de 500 horas de contenido a YouTube, mientras plataformas como TikTok y X nos exponen a flujos inagotables de noticias, opiniones y tendencias. Sin tomar en cuenta la posible falta de veracidad en datos. En el aula, esto se traduce en estudiantes que llegan con referentes múltiples, pero no necesariamente con mayor profundidad.
La saturación también alcanza a las noticias. De acuerdo con el Reuters Institute for the Study of Journalism, una proporción creciente de personas evita informarse porque se siente abrumada por la cantidad de contenido disponible. Es decir, nunca habíamos tenido tanto acceso a la información y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil procesarla. Por lo que en ocasiones puede resultar más sencillo ignorar lo que ocurre en otras fronteras pues el simple hecho de que todas las portadas hablen de Irán no necesariamente nos refiere a un mayor entendimiento de la política exterior.
En este contexto, no sorprende que las nuevas generaciones comiencen a romantizar la desconexión. Cada vez es más común escuchar sobre la necesidad de “desaparecer” de redes o pasar tiempo sin dispositivos. Lo que antes era normal —estar presente sin interrupciones digitales— hoy se percibe como un lujo. Estudios del Pew Research Center muestran que muchos jóvenes reconocen sentirse abrumados por la cantidad de información que consumen, lo que impulsa estos intentos de pausa.
Sin embargo, la desconexión por sí sola no resuelve el problema. Como docente, es evidente que no solo ha cambiado la cantidad de información que circula, sino la forma en que se procesa. La inmediatez ha modificado hábitos cognitivos: se privilegia la respuesta rápida sobre la reflexión, el resumen sobre el análisis, la opinión sobre el argumento. Se sabe “de todo un poco”, pero rara vez se profundiza.
Este fenómeno impacta directamente en la educación. Hoy, herramientas como ChatGPT permiten obtener respuestas, explicaciones y hasta textos completos en segundos. Su utilidad es innegable, pero también plantea un riesgo: la ilusión de aprendizaje. Acceder a información no equivale a comprenderla. Diversos estudios en psicología cognitiva advierten que cuando las respuestas están siempre disponibles, las personas tienden a sobreestimar lo que realmente saben.
En el aula, esto se manifiesta en estudiantes que pueden reproducir información con facilidad, pero que enfrentan dificultades al momento de analizarla, cuestionarla o relacionarla. No es que el pensamiento crítico desaparezca, pero sí se transforma y, en algunos casos, se debilita si no se ejercita de forma intencional.
Esto obliga a replantear la educación. Más que competir con la velocidad de la tecnología, el reto está en recuperar espacios de reflexión, quizás mediante dinámicas que de igual forma resulten atrapantes y nos brinden la misma dopamina inmediata que el mundo digital, pues en la actualidad el valor no estriba en el conocimiento de datos, sino en el manejo de los mismos y la creatividad con la que podremos transformarlos para brindar soluciones actuales.
No es sólo la universidad, es crear nuevos planteamientos de enseñanza, pues el exceso de información hace que incluso las escuelas pierdan valor ante una oferta más amplia en el mundo digital, lo que pocos olvidamos es que la educación presencial brinda otras herramientas como los vínculos humanos, la empatía y el desarrollo personal, por ello en medio de mundos digitales más que una moda la desconexión oportuna también debe entenderse como una necesidad. zairosas.22@gmail.com

