La urgencia del pensamiento crítico

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Por: Zaira Rosas

 “No creas nada y cuestiónalo todo” fue una de las frases que más marcó mi aprendizaje, ¿por qué tenía que cuestionar la enseñanza que se supone debía hacerme ser mejor? Con el tiempo entendí que hay múltiples formas de pensar y cuestionarlas me llevaba a una objetividad cada vez más necesaria en nuestros tiempos, algo similar pensaba el filósofo alemán Jürgen Habermas, quien a través de sus teorías de comunicación nos recordó el diálogo y la empatía para la construcción de una sociedad mejor.

Este sábado falleció Habermas, uno de los grandes pensadores del siglo XX, autor de la Teoría de acción comunicativa y seguramente marco teórico de muchas de las tesis e investigaciones de la actualidad. Fue uno de los principales representantes de la Escuela de Fráncfort, misma que surgió del interés de Felix Weil para estudiar el socialismo y posteriormente hacer un cuestionamiento de las estructuras de poder y por qué estas funcionan.

Esta escuela fue fundamental en sus distintas generaciones, pues hace un análisis donde se aplica el psicoanálisis para cuestionar por qué las masas aceptan a gobiernos autoritarios. Sus fundamentos estaban en distintas materias que dan forma a las ciencias sociales y humanidades, mismas que hoy en día podrían considerarse en desuso, sin embargo, son tan necesarias en la actualidad pues son las que nos obligan a revisar nuestras propias estructuras.

Pensadores como Max Horkheimer y Theodor W. Adorno desarrollaron la llamada teoría crítica, una forma de pensamiento que no busca aceptar la realidad tal como se presenta, sino analizar las condiciones que la producen. Su intención era entender cómo funcionan el poder, la cultura y la información dentro de las sociedades modernas.

Habermas retomó esta tradición, pero propuso una salida distinta: el diálogo. Su idea de la acción comunicativa plantea que las sociedades democráticas solo pueden sostenerse cuando las personas participan en conversaciones públicas donde los argumentos importan más que la imposición, lo que no consideró es que hay argumentos que se imponen a otros por la fuerza y sus mismos seguidores le hacían ver que tampoco habló de la teoría feminista en su concepción del mundo, por lo que el filósofo siempre respondía que esa era una labor de la tercera generación.

Su reflexión sigue siendo vigente en el contexto actual. En el escenario internacional, potencias como Estados Unidos continúan disputando influencia política, económica y tecnológica. Hoy el poder también se ejerce mediante el control de la información y de los discursos que influyen en la opinión pública. En un mundo saturado de datos y redes sociales, el pensamiento crítico se vuelve una herramienta esencial para distinguir entre información, manipulación e intereses políticos.

Lo mismo aplica para México, donde el debate público suele polarizarse con facilidad. Cuestionar no significa rechazar todo, sino analizar, contrastar información y reconocer que ninguna narrativa es absoluta.

Quizá esa sea una de las lecciones más importantes que deja Habermas: la democracia no se sostiene solo en las instituciones, sino en la capacidad de las personas para dialogar y pensar por sí mismas. En tiempos donde muchas certezas se construyen con titulares rápidos y opiniones inmediatas, detenernos a reflexionar puede ser más necesario que nunca. zairosas.22@gmail.com