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Ozuluama, Ver.– La falta de respaldo institucional y el silencio del gobierno municipal han encendido la inconformidad entre productores en pequeño integrados en la llamada Escuela Campesina, quienes hoy exigen atención inmediata, apertura al diálogo y políticas claras para fortalecer el campo local.
Giovanna Morales Santiago, integrante de este colectivo de agricultores de comunidades como Cuatro Palmas, Pozo Viejo y Otatal, expone con firmeza la realidad que enfrentan: un proyecto productivo que ha demostrado resultados, pero que hoy opera en el abandono oficial.
“La escuela campesina somos un equipo de compañeros cultivadores en pequeño. Producimos calabaza, pipián, camote, plátano, naranja, todo lo que da la región, y lo vendemos aquí mismo en el municipio”, señala.
El proyecto inició en mayo de 2022, impulsado por técnicos y extensionistas agrícolas durante la administración anterior encabezada por Agustín Ramos. Aunque en un inicio hubo desconfianza por parte de la población, un reducido grupo decidió apostar por la capacitación en agricultura orgánica y producción sustentable.
A base de constancia, cursos técnicos y aplicación de conocimientos en campo, los resultados no tardaron en llegar. Para octubre de ese mismo año ya contaban con primeras cosechas, y en cuestión de meses lograron establecer un sistema de comercialización constante, pasando de ventas mensuales a semanales ante la creciente producción.
Sin embargo, el relevo en la administración municipal marcó un punto de quiebre.
“Hoy con el nuevo alcalde, Jorge del Ángel Delgado, no hemos tenido ninguna respuesta. No hay diálogo, no hay apoyo, no hay interés. Lo hemos buscado, pero simplemente no está”, denuncia Morales Santiago.
La problemática no es menor. La naturaleza perecedera de sus productos obliga a una comercialización ágil; de lo contrario, las pérdidas son inevitables. A pesar de ello, los productores aseguran que han sostenido su actividad con esfuerzo propio, participando incluso en eventos culturales y gastronómicos que dan identidad al municipio.
“Hemos estado presentes en muestras gastronómicas, en Día de Muertos, en ferias y fiestas. Llevamos nuestros productos, nuestros platillos, lo que cultivamos. Esto también es desarrollo para Ozuluama”, enfatiza.
La exigencia es clara: ser escuchados.
Los integrantes de la Escuela Campesina no piden dádivas, sino condiciones para trabajar, espacios de comercialización y respaldo institucional que permita consolidar un modelo productivo que ya ha probado su viabilidad.
En un municipio donde el campo sigue siendo pilar económico y social, la omisión gubernamental podría traducirse no solo en pérdidas para los productores, sino en el freno a una iniciativa que promueve alimentación saludable, economía local y desarrollo comunitario.
Hoy, la voz del campo en Ozuluama no pide permiso: exige ser atendida.


