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Las universidades públicas no cambian por decreto, no, lo hacen cuando deciden dejar de administrarse como oficinas saqueadoras y comienzan a pensarse como motores de desarrollo en el país, y en ese fino y diminuto punto parece estar la Universidad Autónoma de Tamaulipas, al menos en el discurso y en los movimientos recientes de su rector, Dámaso Anaya Alvarado.
La visita a la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo en el Campus Tampico no fue un recorrido rutinario para inaugurar salones y posar para la imagen institucional, ñame qué, fue una señal interna y externa. Hacia adentro, porque la comunidad universitaria necesita sentir que la rectoría está presente, que escucha y que entiende que la competencia académica ya no es regional sino nacional. Para afuera, debido al momento por el que atraviesa el sur de Tamaulipas donde el crecimiento urbano exige planeación seria, identidad arquitectónica y talento profesional que no se improvise.
Fortalecer carreras como Arquitectura, Diseño Gráfico o Arquitectura de Interiores es como ponerle la cortina adecuada a la sala nueva de la casa. No es el adquiriri cualquier tela se Parisina. Aunque nos duela decirlo, la zona metropolitana de Tampico lleva años sin orden y con desarrollos urbanos muchas veces reactivos, apostar por la formación técnica y creativa es también una apuesta por la calidad de vida futura.
Modernizar centros de cómputo, impulsar talleres multidisciplinarios y simular entornos laborales reales no es innovación; es lo mínimo indispensable en 2026. Lo relevante es que se esté intentando cerrar la brecha entre el aula y la práctica profesional.
Ahora bien, la UAT arrastra inercias. Como toda universidad pública, ha vivido ciclos donde la prioridad fue la estabilidad política y no necesariamente la competitividad académica. El reto de esta rectoría no es inaugurar infraestructura, sino sostener estándares, medir resultados y abrir espacios de evaluación real. La comunidad universitaria ya no se conforma con discursos de modernización; exige transparencia en el uso de recursos y claridad en los objetivos.
El evento “FADU Lovers”, con su carga simbólica de convivencia y expresión creativa, puede parecer anecdótico. No lo es. Las universidades que pierden comunidad se convierten en trámites administrativos. Las que generan identidad fortalecen arraigo. Y en Tamaulipas, donde durante años la violencia desplazó sueños y proyectos personales, la universidad pública debe ser un espacio que compita con la resignación, y lo estan cumpliendo.
Lo que hizo Dámaso Anaya en Tampico no resuelve de fondo los desafíos estructurales de la educación superior en el estado. Pero sí coloca a la rectoría en una posición visible, y eso implica asumir costos si las expectativas no se cumplen. Porque en política universitaria la cercanía también es una forma de rendición de cuentas.
La pregunta no es si hay voluntad. La pregunta es si habrá consistencia. Si la UAT logra consolidar infraestructura con calidad académica y vinculación efectiva con el entorno productivo, podrá dejar de verse como una institución que reacciona y comenzar a comportarse como una universidad que marca agenda regional.
El margen de error es corto. La competencia es real. Y los jóvenes tamaulipecos no esperan discursos: esperan oportunidades que no los obliguen a emigrar.
Enla intimidad… Mientras en el sur se hablaba de talento e innovación, en Reynosa se activó con rapidez el protocolo epidemiológico ante un presunto caso de sarampión en una menor de nueve años. La reacción institucional fue inmediata.
El secretario de Salud de Tamaulipas, Vicente Joel Hernández Navarro, informó que el diagnóstico inicial se realizó en consulta privada y que los estudios de laboratorio continúan en proceso. La evaluación preliminar determinó que la paciente no cumple con la definición operacional de caso probable de sarampión conforme a los lineamientos nacionales: no existen antecedentes recientes de viaje, ni contacto con personas provenientes de otras entidades, y los contactos cercanos permanecen asintomáticos.
El sistema de vigilancia epidemiológica opera bajo criterios técnicos: detección temprana, notificación obligatoria y confirmación por laboratorio. Se reforzará la capacitación médica en diagnóstico diferencial de enfermedades febriles exantemáticas y en el uso correcto de la definición operacional.
En temas de salud pública no caben ni el pánico innecesario ni la minimización irresponsable. La recomendación es clara: revisar el esquema de vacunación y acudir a la unidad de salud ante fiebre acompañada de exantema.
Las crisis sanitarias comienzan cuando se ignoran datos o se exageran rumores. En este caso, los datos mandan. Y por ahora, hablan de prudencia.
@dect1608


