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Rutinas y quimeras

Por redaccion Mar8,2020

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Clara García Sáenz
La vuelta al mundo
Una invitación a comer a las cuatro de la tarde en El Naranjo, San Luis Potosí requería un tentempié para aguantar el hambre hasta esa hora, por eso, tomamos las cosas con calma y después de un café mañanero nos dimos tiempo para llegar al mercado de El Mante ya cerca del mediodía para hacerles los honores a uno de los menudos más sabrosos que he probado en la vida.
Asistir a la comida era casi un deber, la ocasión lo ameritaba, de esas veces en que da gusto celebrar la larga y extraordinaria vida de un hombre, el patriarca de los Gutiérrez. Calculados los tiempos, salimos por la mañana de Ciudad Victoria, paramos en el Mante y nos seguimos al Naranjo no sin antes entrar a conocer la iglesia de Antiguo Morelos de cuya construcción original del siglo XIX solo se conserva la fachada. Dedicada al Señor San José, el interior preserva algunos rasgos originales como los techos de dos aguas, las vigas de madera, un austero coro con balcón también de madera muy parecida a la traza de muchas iglesias de Tamaulipas de esa época, con la variante de estar ampliada en sus costados.
Ya en la frontera con el estado de San Luis Potosí paramos en Nuevo Morelos; para recordar sus tiempos de infancia, Ambrocio sugirió que visitáramos también la iglesia del lugar. Entramos a la plaza principal, dimos dos vueltas y sorprendido me dijo que no estaba en el lugar que él recordaba.
Subimos una cuadra y entramos por una escabrosa calle, ahí vimos unas campanas y nos acercamos, era la parte de atrás de la iglesia, de construcción moderna y al frente unas escalinatas que llevaban hasta la plaza pero que por estar en lo alto, difícilmente el templo se apreciaba desde abajo.
Con una espléndida vista que abarcaba hasta lontananza, el amplio atrio inspiraba una sensación de bienestar, estuvimos largo rato, en silencio, solo viendo el paisaje, verde, arbolado, esa parte casi perdida en la geografía tamaulipeca.
Antes de continuar el viaje tomé algunas fotografías de casas antiguas que aún se conservan frente a la plaza, de arquitectura vernácula, adobe, palma y techo de dos aguas. Visitamos el panteón del lugar, donde Ambrocio saludó a sus abuelos y seguimos rumbo al Naranjo, a pocos pasos cruzamos la frontera estatal y en seguida comenzó el espectáculo, empezamos a bajar una pequeña sierra donde se ve el extraordinario paisaje del valle del Naranjo. Como gigantes campos de futbol, las parcelas de caña van dibujando la verde cuadrícula que en el fondo esconde el poblado con su ingenio azucarero y su humeante chacuaco; en verano, con un poco de suerte, puede verse a lo lejos la cascada de El Salto.
En todos los pueblos azucareros cuando hay zafra, el sábado es el día de mayor movimiento comercial por el día de pago de los cortadores de caña, así que había gran cantidad de vendedores de ambos lados de la carretera. Paramos para comprar un coco en rebanadas y un vaso de agua, también de coco.
Nos fuimos al ejido Kilometro 42 para visitar un paraje del río que une esta comunidad con el otrora Rancho el Estribo. En silencio, solo escuchando el correr del agua nos comimos y bebimos la fruta; continuamos nuestro viaje al Estribo, bajamos al rio y duramos otro largo rato lo seguimos escuchando, en silencio, hipnotizados por su belleza, su color turquesa, su fuerza, su profundidad, su quietud y un tanto su eternidad.
El Naranjo es un pueblo fundado en 1950 antes de ser convertido en municipio en 1995, perteneció a Ciudad del Maíz que está a una distancia de 52 kilómetros. El contraste entre ambos es muy grande, tanto por el paisaje, el clima y el desarrollo económico. El Naranjo es un polo de desarrollo económico por el monocultivo de la caña y aunque el poblado no cuenta con ningún atractivo, su paisaje campestre supera todas las expectativas de belleza natural, el río que cruza su valle, es caudaloso, con parajes irrepetibles, ahí comienza la huasteca potosina.
Llegamos a la comida, muy puntuales y en seguida pasó por un lado de nosotros un zacahuil traído desde Tamazunchale; don Modesto Gutiérrez Rangel salió a recibirnos, Ambrocio le dio un fuerte abrazo y tío y sobrino se sentaron a conversar mientras pasaban las cazuelas de mole, arroz, pozole.
Así empezó la maratón, con un huapanguero cantando a las mujeres que mal pagan mientras las hijas de don Moyo (como le dicen de cariño) atendían a los invitados. Los vecinos, sobrinos, nietos, yernos, nueras y hermanos le cantamos las mañanitas, posamos con él para la foto, comimos pastel y festejamos a un hombre que toma la vida seriamente con humor, inexpresivo en sus facciones, pero afectivo en su actitud.
Siendo el mayor de 10 hermanos, durante su larga vida dio abrigo en su casa a cuantos pasaban por dificultades, fue figura paterna de algunos sobrinos que trató en igualdad de circunstancias que a sus hijos, protegió a sus hermanas en situaciones difíciles, hizo frente a los problemas familiares, sobrevivió a la muerte de la madre de sus hijos y volvió a contraer matrimonio.
Para festejar su cumpleaños, ese día don Moyo, con afecciones cardiacas y una paulatina pérdida de la vista, se vistió de vaquero y cuchillo a la cintura, contaba sus historias en voz baja a quien quisiera escucharlas mientras que la tarde se desgajaba poco a poco en un banquete que por momentos parecía interminable, organizado por sus hijas quienes tomando la batuta se han convertido en abuelas y matriarcas de sus respectivas tribus.
Tarde nos fuimos a dormir y decidimos que en lugar de regresarnos por el mismo camino a Ciudad Victoria, dar la vuelta al mundo. Muy de mañana seguimos el viaje con el propósito de para visitar el santuario de Chupaderos dedicado a la virgen de San Juan, subir por la cuesta de los cedros, pasar por el Platanito, ver los paisajes de postal de Agua zarca, empezar a sentir el cambio de clima en el Porvenir y llegar a Ciudad del Maíz a comer gorditas con chile rojo, comprar quesos de chiva y vaca de la colonia italiana, chorizo sagrado, tortillas para las enchiladas, saludar a mis ahijados e irnos a Tula al medio día, para de ahí seguirnos hasta la carretera de Rumbo nuevo y llegar a Ciudad Victoria aun de día.
E-mail: claragsaenz@gmail.com

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