Por Helí Herrera Hernández.

         Tuvieron que pasar 178 días para que la justicia se impusiera a la venganza política, a la sin razón.

         Para los que lo conocemos, desde el primer momento que nos enteramos de su detención >22 de diciembre de 2021<, afirmamos sin duda alguna, que lo estaban secuestrando y que José Manuel se convertía, a partir de ese instante, en un preso político en Veracruz.

         Independientemente de exigir su libertad inmediata, y la reparación del daño moral que le ocasionaban a él y su familia, con esta felonía, también hicimos responsable al gobierno de Veracruz de su integridad física dentro del penal de pacho viejo, que afortunadamente, como lo manifestara el secretario técnico de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, al salir libre la tarde-noche del pasado viernes, así ocurrió, gracias a los buenos oficios del director de ese reclusorio.

         Hoy esta de vuelta el maestro, el amigo, el camarada, el compañero de lucha al que fuimos a recibirlo con alegría a las puertas de salida del penal, cientos de mujeres y hombres que desde distintas trincheras clamábamos su libertad y hoy, también, la reparación del daño económico y moral, tal y como lo sentenció la Comisión Nacional de los Derechos Humanos meses atrás.

         Hasta el clima fue benevolente con todos los allí reunidos, que íbamos bien preparados para soportar el agua que nubes negras anunciaban, y cruzábamos apuestas sobre la hora en que el juez lo liberaría, perdiendo aquellas que pronosticaban las tres de la madrugada, pues decían que era para hacernos rabiar, por tanto alboroto que había tanto de decenas y decenas de medios de comunicación, como de amigos y compañeros de José Manuel que lo esperaban, haciendo que el tráfico se interrumpiera en la rúa por minutos.

         Los ánimos se encendieron cuando un familiar salió del área de juzgados par avisarnos que ya le habían notificado el auto de no vinculación a proceso, y que era cuestión de una hora máximo para que del Río recobrara su libertad, esa libertad que le habían arrebatado 178 días antes, y los gritos de “FuerzaDelRío” empezaron alzarse con mucho vigor, tanto, que desde dentro José Manuel alzaba el puño en señal de estar atento a la fiesta que se empezaba a vivir afuera de donde se encontraba.

         Otra vez se equivocaron en el tiempo, porque en media hora el exdiputado federal y fundador de Convergencia por la Democracia estaba cruzando la puerta que le daba acceso a la calle, y allí se desato la batahola porque los comunicadores, con cámaras de televisión, fotográficas, grabadoras, lo cercaron para lanzarle infinidad de preguntas y cuestionamientos que se dio el tiempo de contestarlas, con una tranquilidad solo digna de aquel que tiene su conciencia tranquila y en paz.

         En ese momento, justo en ese momento se me agolparon los recuerdos de otra salida allí, en ese mismo lugar, en una noche algo parecida aquella en la que, para variar, la justicia federal le otorgo su libertad a Dante Delgado, víctima también de las venganzas políticas, del poder público hecho rencor contra sus adversarios, y al que el expresidente municipal de Tecolutla hizo referencia cuando le agradeció al dirigente nacional de Movimiento Ciudadano por tanto apoyo que le brindo.

         Noches parecidas, aunque ya solo con algunos rostros, poquísimos, escasas caras conocidas entre aquella noche de Dante y ésta de José Manuel, pero con lo mismos ingredientes de injusticia y abuso del poder público.

         Bienvenido de vuelta camarada y amigo. Grandes batallas de ideas y políticas tendremos que librar juntos, hasta la victoria, siempre.