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Para llegar al poder también fue necesario construir alianzas.
Morena no podía llegar solo y AMLO lo sabía.
Por lo que el movimiento Lopezobradorista sumó fuerzas políticas, al igual que tuvo que pactar con el crimen organizado, diversas organizaciones, sectores sociales y personajes provenientes de distintas historias políticas, del PRD, del PRI, del PAN, y otros que sumaron a aquella estrategia que permitió construir una mayoría electoral y posteriormente una estructura política con capacidad para gobernar y aquí llega Claudias Sheinbaum.
POLITIQUEANDO
POR: MARIO A. SEGURA
DESDE EL CIELO DE TAMAULIPAS
Tampico, Tam., 20 de septiembre de 2026.- La historia de un movimiento que llegó al poder, de las alianzas que hicieron posible ese proceso y del reto de limpiar la política desde adentro.
Hay historias que se escriben en los libros y hay otras que se viven estando ahí.
Y ésta, particularmente, me ha tocado vivirla como mexicano y como periodista tamaulipeco.
Desde el inicio de las conferencias mañaneras tuve la oportunidad de estar presente y plantear directamente problemáticas que durante años permanecieron debajo de la alfombra. No hablo, por tanto, solamente desde lo que leo o escucho: hablo también desde lo que he observado, preguntado y documentado a lo largo de estos años.
Por eso mi lectura de lo ocurrido en México no pretende ser la de un espectador distante.
Primero fue la regeneración nacional
Cuando Andrés Manuel López Obrador y Morena llegaron al poder, el discurso central fue contundente: había que transformar la vida pública, terminar con prácticas consideradas por el movimiento como propias del viejo régimen y construir una nueva etapa para el país.
Pero para llegar al poder también fue necesario construir alianzas.
Morena no podía llegar solo y AMLO lo sabía.
Por lo que el movimiento Lopezobradorista sumó fuerzas políticas, al igual que tuvo que pactar con el crimen organizado, diversas organizaciones, sectores sociales y personajes provenientes de distintas historias políticas, del PRD, del PRI, del PAN, y otros que sumaron a aquella estrategia que permitió construir una mayoría electoral y posteriormente una estructura política con capacidad para gobernar.
Y aquí comienza una parte de la historia que, desde mi perspectiva como periodista, merece seguir siendo revisada.
Porque una cosa es ganar una elección y otra muy distinta es transformar las estructuras políticas, administrativas y sociales de un país.
“Pórtense bien”
Ahora en esta segunda parte planeada por Andrés Manuel López Obrador nos anunció, si creen que yo soy el duro, no, yo soy el fresa, esperen a Claudia, ella es más dura, y como primer mujer presidenta de México lo está demostrando, los resultados en cuanto al ataque a la delincuencia se dan todos los días, aunque en el caso de la corrupción, este es punto y aparte, porque sigue estando dentro del gobierno, sigue estando dentro de morena, es por eso que se ha llegado al punto en donde la regeneración del país requiere de la regeneración del partido morena, la limpieza es desde adentro limpiar la casa primero para poder limpiar al país
Durante el gobierno de López Obrador hubo una concepción de la seguridad que apostó fuertemente por atender las causas sociales de la violencia y por llamar a los delincuentes a abandonar el camino criminal.
El propio López Obrador utilizó reiteradamente el llamado a “portarse bien”. En 2019, por ejemplo, hizo ese llamado directamente a un grupo delincuencial en Tamaulipas y pidió actuar dentro de la legalidad.
Pero México continuó enfrentando organizaciones criminales con capacidad económica, armamento, movilidad, inteligencia y estructuras territoriales.
Y ahí apareció una realidad que ningún discurso podía ocultar:
el Estado necesitaba también capacidad operativa para enfrentar al crimen.
La Guardia Nacional fue creada precisamente dentro de esa nueva arquitectura de seguridad, y con el paso del tiempo se fortaleció su participación junto con las Fuerzas Armadas.
Y llegó una nueva etapa
Hoy la estrategia federal de seguridad tiene componentes mucho más amplios de inteligencia e investigación.
La administración de Claudia Sheinbaum ha señalado como ejes la atención a las causas, el fortalecimiento de la Guardia Nacional, la inteligencia e investigación y la coordinación entre instituciones. También se ha fortalecido el Sistema Nacional de Inteligencia en Seguridad Pública.
El propio Gobierno Federal reportó en agosto de 2026 una reducción del promedio diario de homicidios dolosos de 86 en septiembre de 2024 a 42 en julio de 2026, además de un incremento de 36% en el estado de fuerza del Centro Nacional de Inteligencia. Son cifras oficiales que deben leerse con su correspondiente contexto y metodología, pero muestran el tipo de resultados que actualmente está presentando el Gobierno Federal en materia de seguridad.
Y aquí quiero hacer una pausa.
Porque durante estos años escuchamos muchas veces que la transformación del país requería una regeneración nacional.
Pero la pregunta que hoy considero inevitable es otra:
¿Y quién va a regenerar a Morena?
Porque si un movimiento político nació con la bandera de combatir viejas prácticas, no puede convertirse en refugio de esas mismas prácticas.
No se trata de señalar a todos.
Tampoco de afirmar que todos los integrantes de Morena son iguales.
Sería absurdo.
Pero sí resulta legítimo preguntar qué ocurre cuando dentro de cualquier partido aparecen corrupción, abuso de poder, tráfico de influencias, impunidad, utilización de cargos públicos para intereses personales o funcionarios que olvidan que el poder pertenece a la sociedad y no a quienes temporalmente lo ejercen.
La regeneración nacional no puede detenerse en la puerta de los gobiernos.
También tiene que entrar a los partidos.
Y eso incluye a Morena.
La política también necesita una limpieza interna
Durante años escuchamos que había que acabar con el viejo sistema político.
Bien.
Pero entonces habrá que aceptar una regla elemental:
quien sustituye al viejo sistema también debe ser vigilado.
Porque el poder, cuando no tiene contrapesos, puede terminar reproduciendo aquello que originalmente combatía.
Y aquí mi posición como periodista es clara: no debemos entregar cheques en blanco a nadie.
Ni al gobierno.
Ni a los partidos.
Ni a los políticos.
Ni siquiera a quienes llegaron al poder prometiendo transformar México.
El periodista tiene otra responsabilidad: preguntar, documentar, insistir y señalar.
Eso es lo que he hecho durante años.
Y eso es precisamente lo que, desde mi perspectiva, debe continuar haciéndose.
La regeneración también comienza en casa
Pero hay otra parte de esta historia que no corresponde exclusivamente a Palacio Nacional, al Congreso, a Morena, al PAN, al PRI, al Movimiento Ciudadano o a cualquier otro partido.
Corresponde a nosotros.
Porque no podemos exigir una transformación moral de la clase política si como sociedad toleramos pequeñas y grandes formas de corrupción.
El funcionario que pide una “mordida”.
El ciudadano que la ofrece.
El empresario que busca privilegios.
El político que utiliza el cargo para favorecer amigos.
El ciudadano que vende su conciencia por una despensa.
El servidor público que convierte una oficina en patrimonio personal.
Todo eso forma parte del mismo problema.
México todavía tiene una tarea pendiente
Primero se habló de regeneración nacional.
Ahora, después de todos estos años, también debemos hablar de regeneración política.
Y si Morena pretende mantener como bandera la transformación de México, tendrá que demostrar que puede revisar sus propias filas, corregir errores, sancionar abusos y separar la responsabilidad pública de los intereses personales.
No basta con cambiar de partido.
No basta con cambiar de gobierno.
No basta con cambiar de discurso.
También hay que cambiar las prácticas.
Porque México no necesita solamente gobiernos que prometan transformación.
Necesita instituciones que funcionen, servidores públicos sujetos a la ley, partidos capaces de corregirse y una sociedad que no renuncie a exigir cuentas.
Y aquí dejo la pregunta que, como periodista, considero inevitable:
Si la primera etapa fue la regeneración nacional de México, ¿no ha llegado ya el momento de exigir también una verdadera regeneración de la política mexicana?
Porque la historia no la escriben solamente quienes gobiernan.
También la escribimos quienes preguntamos, quienes documentamos y quienes nos negamos a dejar de preguntar.
Porque cuando el periodista deja de preguntar, la historia comienza a escribirse sin testigos.
Como siempre, les recuerdo mi correo electrónico:
Y no lo olviden:
PARA MÍ, LA MEJOR OPINIÓN… ES LA DE USTEDES.



