Vie. Jul 12th, 2024

Un cambio en el lenguaje no daña, el odio sí

Por redaccion Nov19,2023

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Por: Zaira Rosas

La muerte de Ociel Baena tiene que nombrarse, no sólo por la necesidad de justicia detrás del crimen, sino por la justicia que durante décadas han clamado las personas de la comunidad LGBTTTIQ+, porque en nuestro país y gran parte del mundo pareciera que las diferencias y en particular las de género, son un motivo suficiente para ser acribillados física, verbal y emocionalmente.

Ociel Baena fue la primera persona en obtener documentos como acta de nacimiento, pasaporte y credencial para votar donde se reconoce como persona no binaria. En redes sociales se convirtió en una figura viral pues reconocía y luchaba constantemente por los derechos de la comunidad LGBTTTIQ+, lo cual de igual forma le hizo recibir infinidad de comentarios de odio e incluso amenazas de muerte.

En su día a día ocupaba el cargo de Magistrade en el Tribunal Electoral de Aguascalientes, al cual accedió por cubrir una suplencia en 2022. ¿Por qué el uso de la E? es una de las principales preguntas de generaciones e incluso de quienes nos desempeñamos en el ámbito de la comunicación, pues en nuestra labor se aboga por un uso correcto del lenguaje y nada más correcto que la inclusión, aunque la RAE lo señale como innecesario.

Años atrás hablar de palabras como “imprimido” eran igual de incorrectas, sin embargo, su uso constante hizo que se reconociera como algo tan necesario como hoy en día resulta la inclusión de la e como parte de un lenguaje incluyente y no sexista, porque hablar de hombres y mujeres resulta limitante para las personas no binarias, quienes de igual manera necesitan que se les nombre, porque aquello de lo que no hablamos no existe.

Necesitamos hablar de le magistrade, y entender que utilizar el lenguaje como una manera de reconocimiento y empatía no daña nada, pero no hacerlo sí puede perpetuar ideologías que llevadas al extremo desembocan en odio e incluso crímenes que atentan contra la integridad de las personas.

Ociel Baena tenía muy claro esto, por ello desde su tribuna visibilizaba a través de su vestimenta y propuestas de ley que las personas merecen un reconocimiento y respeto a su identidad, mediante su propia historia llegó a relatar cómo tuvo que salir dos veces del clóset, la primera cuando reconoció su homosexualidad y se vio obligado a dejar lo que muchas personas definían como femenino y la segunda cuando quería aplicar a una magistratura y las vacantes se externaban únicamente a mujeres. Fue entonces cuando reconoció que las personas no binarias requerían también de espacios de participación pero legalmente no tenían la oportunidad si no se les reconocía desde antes como tal, de ahí su lucha de poder acreditar su identidad de manera oficial.

Todas las acciones que encabezó Ociel Baena le pusieron al centro de la crítica, llegando a recibir todo tipo de amenazas, por las que ya había solicitado protección al igual que la Diputada Federal Salma Luévano. Estas amenazas hacen que la población exija a las autoridades justicia y no considerar la muerte de Ociel Baena como un crimen pasional sin mayor explicación, pues esto únicamente revictimiza a quienes de por sí han sido víctimas de estereotipos y discriminación.

Mientras tanto socialmente tenemos la obligación de desaprender y aprender, el mundo cambia, nuestra sociedad también lo hace y con ello hemos de entender que el lenguaje debe hacerlo en la misma medida, nombrar múltiples géneros no genera daño alguno, pero la falta del reconocimiento de identidad de una persona sí. Dejemos de promover el odio y comencemos a entender que son esas diferencias las que fortalecen nuestra humanidad.

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